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Llegó la luz por primera vez a la Meseta de Somuncurá

El fotógrafo Marcelo Gurruchaga  viajó a la Patagonia para instalar un equipo de energía solar en una de las viviendas de la Meseta de Somuncurá, una de las regiones más aisladas, inaccesibles, y con menor densidad de población de la Argentina. El equipo fue adquirido con aportes de los participantes del segundo fotosafari a la meseta, y de Rupestre - Experiencia Patagónica, con quienes Marcelo organizó éste y otros viajes.

La Meseta de Somuncurá (en mapuche “piedra que suena o habla”) está enclavada en el centro-sur de Río Negro, y  gran parte de su superficie penetra en la provincia de Chubut.  Abarca un territorio más extenso que el de  la provincia de Tucumán. La  falta de obras de infraestructura hace que la meseta se mantenga aislada. Una ruta provincial la atraviesa de norte a sur pero, según señalan los pobladores, la última vez que pasaron la máquina vial fue en el año 1968.

Los habitantes de estas tierras jamás disfrutaron de la luz eléctrica. Luisa Payao tiene 90 años (aunque hay quienes afirman que son aún más), y ni ella ni su familia conocían la electricidad. Rupestre, que trabaja hace tiempo en la región, tuvo la idea de colocar un equipo de energía solar en su vivienda. Hoy, Luisa y su familia tienen luz todos los días. El panel solar recibe los rayos de sol que convierte en electricidad; un acumulador contiene la energía que recibe, y que por la noche se convierte en luz. Ahora Doña Luisa podrá cocinar por las noches con la compañía de la radio.

 

Gurruchaga Meseta Somuncurá

 

Crónica del viaje (por Marcelo Guruchaga)

Madrugada en la terminal de Las Grutas. Agustín y Jorge de Rupestre, y Vanesa y Martín, del diario Río Negro, nos esperaban en la ruta antes de que salga el sol. Nuestra primera parada es Valcheta, donde compramos provisiones para los pobladores de la meseta, quienes deben andar muchas horas a caballo o en viejas camionetas por huellas apenas visibles para llegar a un puesto de compras. Esta aventura les lleva generalmente más de un día y la emprenden pocas veces en el año. Desde las primeras nevadas y hasta el comienzo de la primavera los habitantes de Somuncurá permanecen incomunicados. Nuestra primera parada es Treneta, un pueblo pequeñísimo al pie de la Meseta. En la escuela primaria 164 “Francisco Ramírez” entregamos las donaciones de los participantes de los fotosafaris y vecinos de Las Grutas.

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La subida a la meseta es lenta; las huellas están lavadas por la lluvia. Luego de varias horas de manejo llegamos al rancho de Luisa Payao, la abuela que declara 90 años, pero se sospecha que son aún más. Ella no está; bajó al pueblo con uno de sus hijos. Su familia quiere que se quede allí antes de que comiencen las nevadas, pero será difícil convencerla ya que no le gusta estar lejos de su tierra y sus animales. Santos, otro de los hijos de Luisa, sale a recibirnos, sorprendido con nuestra presencia. El asombro es aún mayor al enterarse de lo que fuimos a hacer allí. De aspecto adusto, Santos se muestra conmovido. Las emociones son más perceptibles en estas personas endurecidas por el clima y el trabajo arduo.

La meseta tiene un horizonte infinito. Su pastizal amarillento se extiende por toda su superficie cortada por algunos cerros lejanos. A veranos de más de 40ºC le suceden inviernos de menos de 15 bajo cero. Es una región de grandes extremos, y sus pobladores están adaptados a estas vicisitudes. Las noches de invierno son largas y muy frías. Largas distancias recorren los pobladores en busca de leña.

La llegada de la luz es un elemento esencial para que los pobladores no deban abandonar la región, y puede ser un primer paso para que el poco confort que existe allí vaya mejorando paulatinamente. Luisa Payao y sus hijos hoy tienen luz todos los días. El panel solar recibe los rayos de sol que convierte en electricidad; un acumulador contiene la energía que recibe, y que por la noche se convierte en luz. Ya no necesitará reemplazar pilas agotadas y la radio siempre sonará.

Finalmente no pudimos ver a Luisa, pero imaginamos su emoción al llegar a la casa. Vimos el rostro de Santos iluminarse cuando prendió la luz por primera vez a sus 65 años la luz. Fue una experiencia gratificante. Entendimos que no se necesita mucho para mejorar la calidad de vida de los pobladores. Sabemos que seguiremos trabajando para que así sea. La familia Aguilar espera por su equipo. Ya empezamos a trabajar para conseguirlo.

Todo esto se pudo realizar gracias a que Rupestre -Experiencia Patagónica- fuera autorizado por el Director de Áreas Naturales Protegidas de la provincia de Río Negro, Atilio Namuncurá, a operar en la zona con la intención de mejorar la calidad de vida de los habitantes de la Meseta de Somuncurá.

23 de Mayo de 2011 | Comentarios: (1)
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Comentarios

Felicitaciones, a los organizadores y ejecutores de esta tarea, con obras como estas es que mejoraremos el mantenimiento del medio ambiente, y mantendremos a los jovenes en su lugar de origen.-

Nestor Diaz | La Plata. Buenos Aires.  | 29-05-2011

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