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Una visita a las Yungas en Jujuy en un mes de Julio

Relato de María Elena - Publicado el 06/01/2006

Lugar de partida: San Pedro (Jujuy)
Lugares visitados:

Viajeros: María Elena y Jan Geertsen

Vehículo: Kangoo
Alojamiento: Casa particular


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A media tarde, y ya de regreso de nuestro viaje a las Yungas, partimos hacia Villa Monte donde fuimos por recomendación del amigo Tony del complejo Aguas Calientes, a visitar a su cuñado y señora para conocer una rústica casona de campo donde ofrecen hospedaje, lugares de acampe y cabalgatas para los turistas que los visitan, mayormente extranjeros. Nos recibieron con un buen mate y nos regalaron una hora larga, muy amena e ilustrada con fotos y relatos sobre las travesías por las sierras de la región. Como ya atardecía aceleramos el regreso por la RP6 que cruza la Sierra de Santa Bárbara. Sobre el lado Este de esta zona se encuentra la Reserva Las Lancitas, entre la Sierra de Centinela y Santa Bárbara. Declarada área protegida en 2001, abarca 10 mil hectáreas que conservan un sector del ecosistema de transición entre las selvas de montaña, o yungas, y los bosques chaqueños. Del lado de la Sierra de Santa Bárbara se observa la típica vegetación de yungas, y en la sierra del Centinela la flora y fauna característica del chaco serrano. El paisaje alterna quebradas con pequeños valles que alimenta el río Santa Rita.

Mientras observábamos a nuestra izquierda como se perdía la imagen de la Sierra del Centinela sobre la frontera con la provincia de Salta, no dejábamos de maravillarnos y detener el auto a cada rato para respirar profundamente aquel aire fresco, tomando debida nota del increíble porte de los árboles y la muy espesa vegetación. No nos extrañó ir atravesando parajes apenas visibles entre la espesura del bosque, donde amén de pequeños rebaños de animales se notaba una actividad forestal que seguramente robaba a la “Pacha Mama” (y roba aún) lo mejores ejemplares centenarios del mismo bosque que admirábamos.

Luego, la ruta cruza la espectacular Abra de los Morteros (con yacimientos arqueológicos) y llega hasta Santa Clara, conocida como la capital del citrus, con gran producción de limones, naranjas y mandarinas, además de las infaltables plantaciones de caña de azúcar. En este punto empalmamos con el asfalto que nos llevó de regreso al ingenio azucarero La Mendieta, lugar desde donde esa mañana habíamos partido para conocer mejor el fenómeno de la vegetación del lugar. Al recordar aquel camino alternativo que tomamos de regreso no podemos menos que sugerir, a todo el que quiera profundizar su conocimiento de la nuboselva subtropical y vivir plenamente las sensaciones que provoca, no conformarse con la primera parte de nuestro viaje ese día, y que relatamos a continuación, porque se perderían la frutilla del postre.

Habíamos partido temprano desde el Ingenio La Mendieta (pegado a la ciudad de San Pedro), rumbo al Parque Nacional Calilegua por la RN 34. Para mi esposo fue imposible resistirse a un corto desvío y pasar por el Ingenio Ledesma, recordar sus primeros años de infancia y de adolescencia, dado que su padre trabajó allí 30 años. Nada era igual y hasta la vieja casa donde viviera su familia tanto tiempo había desaparecido debajo de un inmenso galpón. Sólo se confundían sus recuerdos con el intenso olor ácido del bagazo atacado por las bacterias que lo preparan para alimentar a la industria papelera, mezclado con el olor dulzón de las aguas vaporosas que expulsa el proceso industrial del azúcar, y que se desvían a cielo abierto por diversos canales a los “lotes” donde se cultiva la caña.

Apenas pasando la ciudad de Libertador Gral. San Martín, al cruzar el puente sobre el río San Lorenzo, a la izquierda arranca la RP 83, que atraviesa el Parque por la Serranía de Calilegua, rumbo a Valle Grande y Valle Colorado. Un viaje que nos debemos para otra escapada al Norte. Si bien es todo yunga, el área protegida es la enmarcada por los límites del Parque, bien cuidado por el servicio de guardaparques. Allí encontramos un camping agreste muy simpático sobre un barranco del río Aguas Negras, y nos llamó la atención un par de grupos acampando, aunque nos informaron que eso era habitual casi todo el año.

Queríamos llegar sobre el medio día al complejo Aguas Calientes así que para allí partimos. Retomamos la RN 34 hacia el norte, y un poco mas allá de la entrada a la localidad de Caimancito, la RP 1 nos acercó a nuestro objetivo, previo cruce del río San Francisco. Este curso de agua curiosamente se dirige de sur a norte (lo que es poco habitual en nuestra geografía) sumando múltiples afluentes en su largo trayecto por el Ramal Jujeño, para entregarlas generosamente al río Bermejo, ya en la provincia de Salta.

Tony y su mujer nos recibieron en el camping Aguas Calientes, un lugar realmente emblemático en la zona. Un complejo “hecho a pulmón” por la familia Strelkov, favorecido por las excelentes aguas termales del lugar, el entorno del paisaje típico de las yungas y adornado con enormes estrellas federales que rodean una gran pileta y un lindo lugar de estar con restaurante. Aprovechamos la parada y comimos un sabroso “plato del día”, y entre charla y charla, Tony nos interesó en ir hasta Villa Monte y hacer el viaje que relatamos al inicio, en vez de volver sobre la misma huella, ya transitada. Por suerte aceptamos su consejo.

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