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Victoria – Entre Ríos – Parte II - La voz del Museo: Oscar Lami

Relato de Jan Ernesto - Publicado el 21/05/2010

Lugar de partida: Bahía Blanca (Buenos Aires)
Lugares visitados:

Viajeros: Mary y Jan Geertsen

Vehículo: Kangoo
Alojamiento: Complejo El Ceibo


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Recomendamos leer la Parte I antes de este segundo relato sobre Victoria en este vínculo: http://acampante.com/relato/716/victoria--entre-rios--parte-i--los-berretines-de-don-lito

El Museo Carlos Alberto Anadón se encuentra en el centro de Victoria sobre calle Congreso, en una antigua casa de estilo francés donada por su dueño el Sr. Eduardo Balbi al fallecer. Posee 8 salas de exposiciones de variados temas.

Museo de la ciudad

De las dependencias de la casa,  el baño y la cocina, se conservan originales y se les han agregado antiguos objetos  aportados por la comunidad de Victoria. También se encuentra la Sala de Música, la sección de Paleontología que cuenta con restos fósiles de ballenas encontrados en Victoria y resulta muy interesante una sección de arqueología indígena, con piezas realizadas en cerámica por los habitantes de islas También existe una sección de armas, biblioteca, sala religiosa, etc.

Si uno imagina a un museo como algo muerto,  Oscar Lami se encarga de darle vida invitando a las escuelas para que ordenadamente lo visiten y escuchen lo que significa y hay detrás de cada objeto.  Amablemente, con perfil bajo y campechano, nos recibe e inicia una larga charla, mate de por medio, sobre los inicios de Victoria.

Cerro de la Matanza

Confiesa que no se sabe porque le pusieron el nombre Victoria a la ciudad, pero supone que fue para suavizar el anterior nombre que era el de La Matanza. Nombre que sí tiene un origen muy concreto, que fue la exterminación a sangre y fuego de aborígenes realizada entre 1749 y 1751, y que finalizó en  la zona del cerro que conserva el triste título de Cerro de la Matanza. Había entonces varias etnias de aborígenes que eran nómades, los Chanaes (también conocidos como Campanas), Minuanes Avipones, Guaycurúes y Charrúas. En las islas estaban los denominados Ribereños Plásticos porque copiaban a los animales en sus artesanías (Hay en el Museo vasijas con cabeza de loros). Cerca de Victoria se encuentra la llamada “Isla del Pillo” donde se cree que huyeron varios aborígenes y donde recalaban todos los que huían. Un dato curioso es que en el censo del 2001, se detectan en la provincia de Entre Ríos, 10.000 entrerrianos que declaran tener antecedentes indígenas. Vale una lectura sobre estos antecedentes de los pueblos originarios en este vínculo al sitio oficial de turismo: http://www.turismovictoria.com.ar/chanas.htm

El 13 de mayo de 1810, Salvador Joaquín de Ezpeleta y 36 vecinos inauguran el oratorio de La Matanza y esa fecha queda como inicio del pueblo que ahora cumplió 200 años. Al mismo tiempo fue entregando grandes extensiones de tierras de su propiedad a parientes y hombres emprendedores en los alrededores de la actual ciudad.

Ciudad de Victoria

Fue en el puerto Viejo, en el V Cuartel (ver croquis) donde previamente se armó una unidad administrativa y se centraba la actividad en los inicios del pueblo. Salvador de Ezpeleta, era un comerciante de origen vasco que había colaborado con Liniers en la reconquista de Buenos Aires. Fue amasando una fortuna y se estableció en Paraná. Su interés por La Matanza, donde había adquirido importantes extensiones de tierra, era claro y simple: explotar las minas de cal de la zona y para ello necesitaba consolidar allí un poblado, que inició con inmigrantes vascos que se instalaron el V Cuartel donde aún perduran algunas viviendas típicas de los vascos, y restos de los grandes hornos de cal. Se dice que de allí salió la cal para la edificación de la ciudad de La Plata. Las costumbres vascas arraigaron en la población y existían más de 70 canchas para jugar a la pelota vasca entre la ciudad y campaña.

Urquiza también tenía intereses económicos en la zona ya que poseía saladeros y por eso le interesaba la canalización del riacho Victoria. Fue él quien decide que se hagan escuelas. Más tarde llegan inmigrantes italianos, en su mayoría genoveses, quienes traían sus oficios: herreros, carpinteros, pescadores, (se hacía aceite de pescado) y luego judíos que instalaron varias tiendas.

A partir de la década de 1870 empiezan a notarse varios cambios en el pueblo En 1872 se manda dragar el Riacho Victoria para dejarlo navegable hasta el Paraná Pavón, se crean las escuelas elementales de varones y de niñas, en 1873 se crea el Banco de Victoria y la Municipalidad y desde entonces hasta iniciado el siglo XX se van estableciendo varias instituciones administrativas, económicas y culturales que van dando la fisonomía de progreso que hoy podemos observar en sus antiguos edificios y en los registros de la actividad cultural y económica del pueblo. Para esos años, existía una importante producción de trigo y lino como también de aceite de pescado (sábalo) con el que se hacía jabón. También había producción ganadera y saladeros.

Posteriormente el Director del Museo nos acompaña a recorrerlo y va contando la importancia de los objetos exhibidos en las distintas salas que para más información pueden dirigirse a http://www.turismovictoria.com.ar/museo/museo.htm

www.munivictoria.gov.ar e ingresar en la sección del Museo “Carlos Anadón”

Y para cerrar nos regala una copia de un poema de Juan Ibáñez de Matta (oriundo de Victoria), de la que elegimos estos versos:

 

Anda un zorzal por las ramas
de los ceibos y los talas
sacando a flor de tierra
un drama de campo y agua

Por estos cerros estuvo
un viejo aduar de minuanes.
El toldo miraba el río
y los viejos de la tribu
en el río se miraban

 
 

(A poco de rascar el suelo
salen indios que descansan)

Perdido en las islas verdes
sobre cerros de resaca
eran una flor del río
los hermanos de su raza

 
 

(Emoción de tierra y agua)

Sus amores eran eco
del amor de las calandrias.
Su esperanza el tronco hueco
de un vejo ceibo olvidado.
Su destino, el sol.- Su patria,
el viejo aduar; las cuchillas
sus mujeres y su canto
y un poco del monte arisco
que le estaba enamorando…
los siete cerros y el agua…
………………………………………………

Recuerdos para una historia
-es una historia que sangra-
sobre las siete colinas
el viento va proclamando
un llanto de tierra india
en un cantar de zorzales.
Victoria tuvo por nombre
y Victoria se llama.

 
 

(Mejor fuera de Matanza
que fue el nombre de su drama)

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