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Visita a Santa Elena – Entre Ríos

Relato de Jan Ernesto - Publicado el 22/05/2010

Lugar de partida: Bahía Blanca (Buenos Aires)
Lugares visitados:

Viajeros: Mary y Jan Geertsen

Vehículo: Kangoo
Alojamiento: Complejo Turístico Bahía Rosales


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Hace mas de veinte años, el matrimonio Itze, oriundos de Capital Federal, decidieron “hacer patria” como se suele decir. Anclaron en el Parque Nacional Los Alerces donde fueron desarrollando un hermoso y conocido camping: denominado Bahía Rosales. Cuando se los conoce bien, es fácil advertir que aquella aventura los marcó para siempre. Experiencias múltiples, la crianza de sus hijos, el hacerse amigos en la zona y de decenas de turistas, muchos de ellos extranjeros, les imprime una mirada nostálgica que solo el empuje de los pioneros puede ahogar. Como cuentan, estaban destinados a terminar allí sus días como emprendedores, pero…

Roberto Y Mary Itse del Complejo Bahía Rosales de Santa Elena

 

Pero su ciclo allí se cerró hace unos tres años, tras el desgaste de la relación con las autoridades de Parques, los continuos cambios en los términos contractuales de la concesión, y otros factores; y decidieron finalmente emigrar “a la otra punta” y se establecieron en Santa Elena, al noroeste de Entre Ríos, entre la RN12 y el río Paraná, Es una pequeña localidad poco conocida donde en turismo “está casi todo por hacerse”. Y allí comenzaron a construir un nuevo Complejo Bahía Rosales. Y vaya que lo hicieron, les recomendamos ver al respecto: www.complejoturisticobahiarosales.alojar.com.ar

Cabañas del Complejo Bahía Rosales en Santa Elena

Invitados por los Itze, llegamos en un día de sol donde el río Paraná relucía con todo su esplendor cortado por las verdes islas que se encuentran frente a la costa. Nos alojamos en las cabañas recién inauguradas del Complejo, para 6 personas con todo el equipamiento para usarlas en verano o invierno. Cuentan con enormes balcones hacia el río, desde donde se puede ver el movimiento de lanchas, barcazas, canoas o simplemente el pasar cansino de los camalotes. También se aprecia parte del pueblo, el frigorífico, la costanera y el comienzo de las islas que interrumpen el curso del río con su verde vegetación.

Camping del Complejo Bahía Rosales

La zona de pesca, como es denominada la costanera que da al Camping Bahía Rosales y al Camping Municipal, es concurrida por muchas personas y niños que van a probar suerte desde la orilla y por los que salen embarcados. Desde Santa Elena se puede navegar a las islas, riachos, arroyos y bancos de arena; admirar la exuberante flora y fauna autóctona y disfrutar de los  pesqueros como El Verde, Pozo de Riquelme, Los Reventones, etc. La captura es variada: dorado, surubí, armado, boga, mandubí, etc.

Esta ciudad, que cuenta con aproximadamente 20.000 habitantes creció recostada en las barrancas que dan al río Paraná. Actualmente impresiona como una ciudad activa que posee bulevares con árboles como jacarandaes, ceibos, sauces, etc. con muchas calles asfaltadas y un centro con varios negocios comerciales. Aún carece de la suficiente infraestructura que requiere el turismo que la frecuente todo el año, pero hay ya varias cabañas que apuntan a dicho objetivo.

Santa Elena

Gracias a un CD que nos brindó gentilmente Laura, docente de 4to año de la Escuela N: 9 Juan Bautista Azopardo, pudimos conocer parte de la historia de la ciudad. Se considera fecha de fundación el 2 de octubre de 1871 día en que se firma un contrato comercial de la explotación ganadera, entonces propiedad de Eustaquio de la Riestra. Posteriormente en 1882 se vende a la  Compañía de Productos Kemmerich Sociedad Anónima quien amplia la producción; y al existir nuevos puestos de trabajo permite el establecimiento de pobladores a su alrededor.

En 1909 la empresa fue adquirida por capitales ingleses quienes instalan un importante frigorífico que será el que da impulso al pueblo. En varias estancias de la empresa, realizaban la cría de ganado y en el frigorífico se hacía hasta la lata en la que envasaban la carne. Los productos salían de un puerto propio local y aún perduran vestigios del mismo.

Toda la historia del pueblo es paralela a la historia de las aperturas, producción, cierres y despidos, reaperturas bajo nuevas administraciones y renovadas esperanzas de ver renacer el esplendor del otrora frigorífico, que fuese uno de los más importantes del país. Hoy funciona a un 20% de sus posibilidades, esperando mejores aires de la política nacional sobre exportación de carnes.

Al ingresar hoy a la ciudad se destaca la chimenea del frigorífico y las instalaciones del mismo. Las edificaciones de estilo inglés  construidas entre 1910 y 1915, donde vivía el personal de mayor rango, están actualmente  en su mayoría abandonadas, pero aún hoy demuestran el estilo de vida de entonces, en medio de amplios espacios verdes, con un Club de Golf. Las casas del pueblo, donde vivían los obreros, son casi uniformes y de  sencilla construcción de material y chapa. Se puede observar la antigua comisaría, el ex hotel de empleados, la oficina de correo y telégrafo, el antiguo almacén y carnicería de la Compañía y el puerto.

 

Regreso de excursión de pesca

El domingo salimos de paseo y excursión de pesca con los dueños de Bahía Rosales, y otros amigos/as de ellos, y pudimos disfrutar de la pesca variada de manduví, moncholo y hasta un doradillo, al tiempo que comer un delicioso asado en una isla cercana al pesquero Los Reventones. Experiencia inolvidable y que recomendamos hacer a todos nuestros lectores, no se arrepentirán.

 

El trayecto asemeja, en cierta parte, a los paisajes de las películas que hemos visto sobre Vietnam: una densa vegetación, con plantas trepadoras que se cuelgan de los árboles que mojan sus ramas en los cursos de decenas de cursos de agua, además de sectores con camalotes florecidos que dan un tinte azulado al río. Vimos gran variedad de pájaros, de los que reconocimos a los cardenales, pájaros carpinteros, horneros, zorzal blanco y colorado, gallareta, chajaes.

Navegando por riachos frente a Santa Elena

Emprendimos el regreso cuando ya se ponía el sol. El atardecer, casi noche en esta época, nos regaló otro paisaje: con árboles como encajes que se recortaban del dorado que pintó el sol sobre el río en su majestuosa puesta. Luego las luces, primero de La Paz y luego de Santa Elena.

La noche anterior a nuestra partida estuvimos de “fritanga” de lo pescado el domingo. No sin antes haber sido entrevistados por la TV local, gracias al amigo Rubén, conversando sobre el indetenible futuro turístico del lugar, así como de las tareas pendientes para lograr su pleno éxito.

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