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Retirada

Relato de Oscar - Publicado el 25/06/2011

Lugar de partida: Lisandro Olmos (Buenos Aires)
Lugares visitados:

Viajeros: Karina, Lorena Mariel, Abril clarisa (bebè), Ezequiel (cuñadito), Oscar

Vehículo: Peugeot 504 diesel
Alojamiento: Cabaña (emergencia climàtica), càmping agreste y libre


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Luego de una vuelta bella y placentera desde Bs As- Neuquèn-Bariloche, bajando al sur ambicionamos prolongar las vacaciones, pero nos abandonò el clima ideal para el campismo, por lo que se me ocurriò ahora contar las peleas perdidas...dàndome cuenta lo valioso de la experiencia ni bien zafamos de lo que parecìa un diluvio. Comparto en formato de cuento (si se quiere), este relato añejado ya que data de febrero de 2002.

 

 

 

 

 

Làzaro: te hago protagonista de este relato para que

veas a travès de mis ojos. Porque todavìa eras deseo de hijo varòn.

Retirada

Castigados por una fuerte lluvia, el clima les concediò veinticuatro horas de gracia. Utilizaron ocho para dormir tranquilos, doce para secar el equipo –ropa, calzado, mantas, carpa,etc.-, y cuatro para escapar geogràficamente.Cabaña en El Maiten

Con cuatro a cargo, Làzaro no tenìa la mìnima gana que se humedeciera un solo trapo de todo lo que habìan ventilado con suma paciencia. La huida estuvo signada por hinchadas nubes pisàndoles los talones; pero la avidez de estirar sus dìas de càmping no era fàcil de apaciguar. Soportaron en la vìspera continuos chaparrones, con ocasionales encierros de juegos mentales, alternando mojados paseos, ya instalados de emergencia en la cabaña del càmping municipal de El Maitèn.

Avistaron con ànimo un cuarto de cielo azul, apostàndolo ganador contra el resto gris. Fue cuando encararon la bùsqueda de mejor suerte. De querer desanimarlos, el cielo hubiese descargado un bravo aguacero para que desistieran, por el contrario les esbozò destellos para que se internaran en uno de los màs bellos lugares.Sorpresa

La antesala del portal norte del Parque Nacional Los Alerces era espectacularmente locuaz para el dialecto visual que manejaban.Brazo norte lago Futalaufquen

Luego de una prolongada explanada en direcciòn perpendicular al cordòn que por muchos kilòmetros acompañaba paralelo a la ruta 71, de a poco treparon un amplio curvòn –acentuàndose la pendiente tanto como la herradura que describìa el camino-, hasta quebrar en contraviraje la redondez del primer cerro por sortear. Estaban en la cumbre de la ruta, desde allì arañaron con la mirada como robàndolo para la memoria, un hermoso lago turquesa alargado en el mismo sentido que el serpenteante rìo que lo atravesaba, el lago Cholila allà distante abajo a la derecha, una arenilla blanca lo enmarcaba. Al frente se mostraba a todo esplendor el lago Rivadavia, contenido entre denso monte de caña colihue; màs contra el pie del encofrado montañoso, el bosque ganaba estatura. Verde y tupido en la falda de enfrente a la altura de su vista –dos tercios desde el fondo del valle a las cimas escabrosas-. Arriba de todo, los picos renegridos, añorando aùn màs nieve invernal; fondeando la colorida exhibiciòn, señoreaban los estàticos nubarrones (ignorados por el momento).

En los tramos en que el camino se despejaba de vegetaciòn, encornisados entre paredes rocosas y espejos de agua, la visiòn se proyectaba paralela a la superficie, descansando libre hasta topar con la costa opuesta. A la velocidad que el ripio permitìa, marchaban admirando la inspirada galerìa de infinitos cuadros. Hasta que el apetito de los niños los detuvo en la merienda. Hicieron el rancho acostumbrado, con adaptaciòn al empinado claro.

Disfrutando la ausencia de preocupaciòn en sus conducidos, Làzaro lo hacìa a la par de los recomponedores mates, aceptàndose obligado vencedor de cualquier revès en pos del bienestar de ellos.Merienda en lago VerdeEllos, que se apoyaban en la integridad que mismamente habìan cultivado en èl. Relajado, escrutò la media esfera de ese ambiente, resignando mimetizarse en èl, del mismo modo en que èste se le mostraba en intimidad sin poderles ofrecer lo mejor ese gris dìa. “Pero lo mejor requiere una preparciòn, y en confianza es apreciable la belleza interior, la imagen de entrecasa”; pensò Làzaro queriendo colarse por la puerta de atràs, la misma que no se ve en ninguna postal.

Se fueron de allì corridos por una llovizna. Fortalecidos con aquèl razonamiento, no los asustaba màs la inclemencia del tiempo, debido segùn ellos a partir de ese momento, que para conocer un lugar todo sumaba.

Llegaron al càmping libre Las Lechuzas, deliberaron dònde instalarse, descartando un enclave estratègico debido a la vulnerabilidad en caso de fuerte viento. Decidieron por una galerìa entre arbustos. El ocaso se acelerò con la oscuridad de la tormenta amenazante.Camping libre Las Lechuzas

Segùn rastros y ambientaciòn in situ, habìa llovido dìas antes, llegaron en una tregua. Esperanzados en un milagroso buen amanecer, planearon la estadìa y sus paseos. Soportaron un aire frìo que les afilò narices y orejas a la luz de una lamparita a baterìa prolongada desde el auto. Cenaron un sabroso guiso de campaña hecho en la hornalla a gas en aerosol, tan caliente que “podrìa revivir un muerto” –rieron optimistas-; tal concentraciòn de energìa los alentò a contrarrestar el precio de la protecciòn contra el viento o impactos directos de gruesas gotas: el escondrijo se saturaba de humedad, magnificada en la espesura de la poblaciòn de añosos maitenes frondosamente abovedados. Todo acampante sabe que el interior de una buena carpa bien armada es un bunquer, por lo que se aislaron de la hostilidad climàtica para dormir, abrigadìsimos.guiso de campaña

Por la madrugada Làzaro despertò oyendo la lluvia, clavando los ojos en el techo, pero respetarìa la maduraciòn del buen descanso de los chicos, ademàs no significaba ningùn desastre –aunque en alerta agrandaba situaciones para superarlas fàcilmente al volverlas a la real magnitud-. Intentò inquieto volver a dormir, preparando amplias soluciones imaginarias. El sueño vino como una gracia para desvanecer tensiones, en cuarto intermedio al pròximo despertar.

Al levantarse, el panorama era desalentador: estaba màs frìo que por la noche, a la sazòn todo el paisaje lànguidamente recièn enjuagado. Làzaro se disparò por un curvado sendero al lago, sintiendo la instantànea tumescencia en los dedos de los pies por omitir resguardar los zapatos dentro de la carpa; quiso fregàndose los ojos avistar la costa de enfrente, mas una cortina de microgotas lo impidiò confundièndose por la mitad del plano acuoso, con las nodrizas que la dejaban caer.

Ante tal visiòn Làzaro apretò los puños y la mandìbula. Exhalò sin miramientos sus esperanzas y las de todos sus compañeros –màs le dolìa que tal vez en ese instante estuviesen soñando con sus aventuras por el Parque-, la nubecilla de vapor se desconcentrò infinitesimalmente en el espacio, como las ilusiones del grupo por escaparse de la fuerza mayor. Bajò la vista miràndose los pàlidos pies, nuevamente vio al frente retrocediendo, sin haber podido cambiar algo el intervalo tan minùsculo como eterno. Se volteò con bronca y apresurado, tropezò con una huesuda raìz, cayendo con los brazos abiertos de plano; desparramado en el suelo terminò por ceder al lugar las ambiciones acariciadas, coincidiendo sus mùsculos en aflojarse totalmente: comprendiò que conocieron el entorno màs ràpido de lo esperado, que insistir con el equipaje diezmado en tales condiciones adversas, no les rendirìa satisfacciones. Que tal vez por lo mismo, sin darse cuenta pasaron a ser menos fuertes que el animalito màs dèbil que albergara el bosque aquella noche helada. Dàndose la vuelta allì mismo descansò realmente (¿por què no?), como estaqueado entregàndose a la merced de una Instancia Superior, luego a la del bosque, despuès a la de ese oscurecido cielo…

Fue solo un momento. Incorporàndose lo màs veloz que pudo regresò al campamento tratando de traducir de la mejor forma a quienes le aguardaban, la mala noticia que era la decisiòn y los motivos (en pormenorizado informe) de la retirada.

En un cese de las precipitaciones, enterados los demàs, desarmaron la tolderìa guardando todo. En el interìn Làzaro observò que no fueron los ùnicos en recibir los embates, porque afloraban como silenciosos duendes (tardìos por la mayor experiencia), cantidad de campistas; peregrinando hacia la orilla segùn ritual convenido tàcitamente, para consultar allì por el futuro pròximo del clima. Cuando volvìan con sus caras largas, Làzaro no podìa dejar de preguntarse con verdadera intriga: “¿Habràn abrazado a este paraìso como lo hice yo?”. Eran una legiòn, salidos de cada guarida en que se habìan cobijado, de cada sombra entre la gran sombra: los invitados que pernoctaron. Los conocedores del fondo de la mansiòn, los que accedieron a su intimidad (la que no muestra ninguna postal). Los que en algùn momento pensaron y confirmarìan con creces pasados muchos años, que para conocer un lugar, hasta las contrariedades tambièn suman.Etregado

No obstante no fueron caprichosos y se retiraron al mediodìa, despuès que en un estruendo que anunciaba aùn peor tiempo, el lago Futalaufquen sollozara ya en soledad aquèl desencuentro.

El ùnico tràfico del portal sur del Parque Nacional Los Alerces ese dìa, fue el òmnibus de las trece horas que dio la vuelta en la Villa, repleto de campistas que abandonaban Las Lechuzas y otros càmping, seguido a prudencial distancia por Làzaro y los suyos, escapando hacia Esquel por el peligroso acceso.

 

Comentarios sobre Retirada

Muchas gracias Jan por las sugerencias, y JJ muchas gracias tambièn (te hice ahorrar una cantidad $$$ en combustible ja ja)

Oscar Alvarado | LISANDRO OLMOS. Buenos Aires.  | 02/07/2011

Osacar:
Felicitaciones..., excelente el relato (pareciera que estoy viajando)

Saludos.-

Juan José López | Candelaria. Misiones.  | 27/06/2011

Espectacular Oscar. Con fotos todo es mas interesante. Mil gracias por compartirlas con nosotros visitantes de este portal. Un cariño a toda tu linda familia, Jan

Jan  | Bahía Blanca . Bs. As. .  | 27/06/2011

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