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Destino Tupungato

Relato de Oscar - Publicado el 03/05/2013

Lugar de partida: Lisandro Olmos (Buenos Aires)
Lugares visitados:

Viajeros: Mimu, Lachi, Pepito, Ratona, Kari y Oskar

Vehículo: Monovolumen familiar
Alojamiento: Cabaña en Tupungato


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Placa con oraciòn                                                                                                                                                                    

 Momentos felices

 

Siempre pensè que hay que ser agradecido en la vida. Es cierto que hay cosas que se hacen y se es sin pensar, por eso bien digo y recièn ahora lleguè a sentir lo que antes solo pensaba. En la maduraciòn que moldean los hijos supe de los compromisos ineludibles, hacia ellos como hacia terceros.

En un momento delicado necesitè reforzar mi fe mediante una manifestaciòn  pactada recìproca, un pedido con necesidad, hecho realidad con el cual quedaba endeudado. Cumplì aquella promesa, pero a veces cuando uno tiene crèdito vuelve a pedir, vuelve a recibir y tiene la vida empeñada. La diferencia entre transacciones  materiales y  espirituales, es que en las ùltimas  uno se empeña sin ser explotado por sus pares; suponiendo que lo sea desde la Superioridad, es el trabajo con alegrìa que se da aquì en el mundo con un canje de deuda beneficioso en la otra vida. Es la base de lo que uno aprende, lo que uno cree, por lo que se aceptan dolores, por lo que se gozan alegrìas con conciencia que la “suerte” puede cambiar. Soy de los que cree que Dios no se ensaña si no se le cumple,  pero prefiero no averiguarlo. Tomando como “tercero”  algo intrìnseco tanto como extracorpòreo pero de peso segùn la fe.

La Divinidad sabe las necesidades de sus criaturas, y èstas no pueden desentenderse de agradecer o hacer sacrificios a medida de lo que recibe (pueden pero no deberìan).

Nosotros recibimos salud, bienestar, felicidad en la medida que supimos encontrarla, y progreso material en esta vida terrena, que aunque merecido por el trabajo, autorizado por la Instancia Superior hasta aquì descrita. Hablo de mi familia.

 

He dejado crecer cuatro mechones  frontales de mi cabello esta vez hasta la nuez de Adàn, a propòsito todo este tiempo como hilo conductor hacia la cristalizaciòn del desenlace esperado, imaginado pero desconocido. Debo ir a ofrendarlos a la Virgen de Fàtima en la Cruz de Paramillos. Allì donde el viento severo de los ocasos hela las orejas desabrigadas, en la pseudocumbre argentina del antiguo camino hacia Chile (oxidados carteles viales versan sobre distancias, delatando un trànsito del pasado asiduo). Al silbido del viento barriendo la tierra pelada, no lo oìa si no estaba allì, al escarpado horizonte andino que enmarca al paraje no lo veìa si no estaba allì presente. Hasta que ocurriò: desde que mis primeros rulos (depositados en 2006) quedaron a los pies de la virgencita, puedo cerrar los ojos, contemplar y sentir ese lugar. Puedo hacerlo cada vez que quiera porque algo mìo quedò con ellos en Paramillos.

Estamos planeando volver a ir. Esta vez desde otra òptica, desde otro punto de partida en la vida, para que no sea rutina. Luego de esperar tanto para que coincida en invierno, se viene a dar como una escapada de verano antes de Navidad.

Planeado para terminar el año como Dios quiso. Luego de tantas vacaciones a la deriva  por primera vez reservè alojamiento vìa internet, descontando el viaje dado por hecho (y al final tuvo su dificultad), pero llegamos y nos acomodamos en la cabaña de la primera etapa de dos, en que se partìa nuestra estadìa en la “tierra del sol y del buen vino”.

Llegada al Mirador de Estrellas (Tupungato)Aquì al llegar a la ciudad de Tupungato echè pie en tierra en Informaciòn Turìstica, para ubicarme respecto al domicilio de la cabaña reservada. Fui indicado con exactitud y tomamos las llaves de la casa previa presentaciòn personal, luego del contacto virtual mantenido dìas antes. No era màs ni menos que lo esperado, màs bien enaltecido por la necesidad de aterrizar luego del largo viaje. Pero con la diferencia de haber pactado el precio antes, algo harto que lucraran con el cansancio del viajero para imponer costos viendo a mi familia querer quedarse en cualquier lugar donde se exhiba una cama. En esta oportunidad lo hice asì a sabiendas de la poca cantidad de dìas que disponìamos para pasear: dos dìas en Tupungato y dos dìas en San Rafael, dado que en realidad carezco de la capacidad de permanecer alojado por màs de tres dìas en el mismo lugar. Y todo para volver antes de Nochebuena. Es que partimos el dìa 17 a las 19.30 hs, llegando a Mendoza el dìa 18 a las 9.30, con un compromiso similar de alojarnos en San Rafael en la mañana del dìa 20 para retirarnos el 22. Suena matemàtico pero fueron los mejores dìas, màs tranquilos y largos, lejos de haber calculado frìamente los tiempos.

Debo confesar a esta altura que la promesa consistiò en dejar mis cuatro largos mechones de cabello (uno por cada hijo) al pie de la Virgencita, habièndome ayudado Ella como mediadora ante Dios, a transitar y finalizar el camino de conseguir un necesario auto, bajo la modalidad de la ley que favorece a las personas con capacidades diferentes para la compra de un 0Km. Larga marcha debido a la burocracia y demàs escollos por entre los cuales nos guiaron por buen camino unas muy profesionales y buenas personas.

El tràmite se iniciò con el convencimiento de dejar de pasar penurias, luego de una mala suerte o impericia por comprar un utilitario limitadamente ùtil, que se pudo arreglar y vender a buen precio, de allì en màs una serie de rutinas trabajosas para lograr el actual viaje (luego de todo no hizo màs que resistencia a la placentera coronaciòn del presente relato). Creo que lo merecìamos y estuvimos contenidos bastante tiempo por no tener medio en què trasladarnos con comodidades, con nuestros tiempos. Tuvimos las esperadas alas y volamos.

La preparaciòn.

Mientras viajaba en colectivo a que me entregaran el 0km (desde La Plata hasta Olivos), el importador me llamò al celular para decirme que el auto no tenìa rueda de auxilio, que èsta se sustituìa con un kit de pinchadura consistente en un inflador a 12v y un aerosol de una sustancia que se aplica intercalado entre el inflador y la rueda, para rellenar orificios de hasta 5mm. Auto francès, euroautopistas aquì no hay por los lugares para donde se necesita viajar, se nota que no conocen Argentina los fabricantes. Muy tranquilo no me quedaba porque ante la rotura de una cubierta que no se pueda reparar con el “kit”, quedarìamos tirados como el “loco” Vander, sin señal de celular, en algùn lugar inhòspito por donde no elegirìa transitar mucha gente (conociendo los viajes que nos gusta realizar). Entonces una vez que el auto se pudo sacar a la calle, o sea nacionalizado y patentado, mi idea fija era comprar y hacerle colocar una rueda de auxilio suspendida en un hueco para ese fin, pero que  en “ese” auto no estaba o no correspondìa. Dos meses de espera en recibir los papeles faltantes para poder patentar me hizo prometer un regio uso acorde a la libertad con que nos moverìamos. Nos pasamos un dìa de shoping-auto en Buenos Aires, avenida Warnes, donde hicimos colocar un soporte bajo piso para suspender el auxilio. Ademàs conseguimos barrales de techo para colocar una valija portaequipaje que tambièn compramos.

El auto es un monovolumen con capacidad para 7 personas, plegando el asiento sobrante nos queda baùl pero sin suficiente espacio como para equipaje viajando lejos por varios dìas. La adquisiciòn de la valija de techo fue un gran acierto, sobre todo porque estamos acostumbrados al espacio fìsico de los utilitarios transformados para pasajeros. Asì el auto quedò listo, empecè a tramitar mis vacaciones y a acomodar los tiempos para poder finalizar el año con “destino Tupungato”. Porque era verano necesitarìamos refresco: agua, rìos y mucho verde. De mucha abundancia en Tupungato y San Rafael. Allì irìamos.

                                                                                                 Percance del ”loco” Vander.

Esto ocurriò años atràs cuando nos coincidieron las vacaciones de invierno y el Loco quiso enseñarle la nieve a su familia. Tuvo la intenciòn de ir a la Cruz de Paramillos, por lo que me habìa consultado còmo llegar desde Uspallata, adonde estàbamos  hospedados, èl hizo base en Potrerillos. Habitualmente nos comunicàbamos por mensajes de texto comentando los paseos y las actividades, dìa a dìa  como respaldàndonos por tenernos cerca estando lejos de casa ambos. Normalmente el enlace se perdìa al tomar alguno o ambos paseos por donde no existìa la cobertura de telefonìa celular, a la vuelta siempre llegaba la devoluciòn de impresiones de las excursiones de ambas familias. Llamò mi atenciòn cierto anochecer sin novedades del Loco (el anochecer  es un momento clave porque es la hora de guardarse en esos lugares de marcada amplitud tèrmica). Imaginè que debìa estar pasàndola bien como para acordarse de los mensajes, nada màs erròneo ya que el Loco estaba viviendo momentos tensos de incertidumbre en la helada y desconocida montaña.

Cruz de ParamillosPasado el mediodìa, al nene pequeño de dos años se le volò el ùnico mapa que los alumbraba en el puente de piedra de Picheuta, el Loco decidiò tomar el paseo por el resto de la tarde para Villavicencio, equivocando el camino en la bifurcada de Uspallata (en vez de tomar la rp 52, tomò la rp 13). Luego de los pintorescos paisajes del principio, porque a los comienzos uno està optimista y mayormente si hay algo contra el gusto, trata de omitirlo o restarle importancia, porque siempre hay un màs allà despuès de algùn camino feo, etc., andando, el camino de ripio se volviò angosto, muy comùn en la montaña. Habiendo visto al principio un cartel con la distancia a Mendoza, seguìa peludeando por ese camino, seguro que desembocar allà  serìa solo cuestiòn de tiempo, ya a esta altura mucho no le importaba ni Paramillos ni Villavicencio. Subiendo la cuesta que contornea un importante cordòn que separa Mendoza de Uspallata, comenzaron a ver cascarones de hielo y nieve, sintieron un frìo paulatino que los obligò a abrigarse con lo que tenìan a mano, al mismo tiempo que el sol cedìa terreno al manto gèlido del ocaso. El Loco se mantenìa firme en su objetivo, callando la preocupaciòn lògica de quien conduce a su familia por un camino desconocido en las condiciones desfavorables que se acentuaban cada vez màs. En ese momento el àspero camino, el cual ya era indisimulable su intransitabilidad para vehìculos comunes, le cobrò una cortada de cubierta al talòn. Tomò magnitud de la baja temperatura invernal de la precordillera al bajar para colocar el auxilio; la segunda sorpresa al bajar se la diò el piso: dejò de ser ripio y quièn sabe desde dònde era una filosa pizarra descascarada de la pared de roca que bordeaba de un solo lado al camino. Hubiese pensado que no tendrìa la mala suerte de sufrir otra pinchadura, pero esto era imposible porque habìa visto y pisado èl mismo aquèl traicionero terreno. Tratò de evadir la angustia de esperar el momento en que se produjera el pròximo contratiempo, que no tardò en manifestarse: volvìa a llantear, quedando el vehìculo inmovilizado.

Relajado en la casa de Uspallata me encontraba disfrutando de la familia al calor de la salamandra, comentando la salida del dìa entre todos, en el momento que recibì una llamada del Loco:

-Negro,  ¿no venìs a la gomerìa a una cuadra de la estaciòn de servicio? Cuando estès te cuento.

-No hay problema en un ratito voy, estoy cerca.

Un llamado significaba algo urgente puesto que usàbamos los mensajes, sumado al hermetismo del corto diàlogo, me hizo intuir que algo le habìa pasado al Loco.

Me estaba esperando con ansia aunque no tardè, porque cuando me viò me hizo señas y lo reconocì. Cuando bajè vi en èl el terrible semblante de la mezcla de sentimientos opuestos: la tranquilidad que alguien pudiera tenderle una mano, y en la misma medida la amargura de haber vivido una situaciòn incontrolable que todavìa le restaba solucionar. Con su sonrisa disimulando una mueca de adversidad vi que sus claros ojos soltaron un hùmedo brillo al apurarse a venir a abrazarme:

-Negro, casi mato a la familia...!!!

-Loco…¿què pasò? ¿Estàn todos bien ahora?

- Sì, sì… Negro, casi los mato! Nos cagamos de frìo…no pasaba nadie, rompì dos cubiertas, nos quedamos tirados...

Pude hacer de tripas corazòn, devolvièndole contenciòn en el abrazo, para no ponerme a llorar con èl.

-Bueno Loco, ya estàn acà…¿què pasò?-

Me contò sintèticamente lo ocurrido, y còmo fue que estaban allì ahora, señalando una camioneta 4x4 de la que bajaban la señora, las dos nenas con ponchito y gorro y el nene envuelto en una colcha. Al verlos me conmovì al darle real sentido a lo que me acababa de decir, respirè hondo y mirè un rato para otro lado. La pausa terminò.

-Tengo que volver por la camioneta, el tipo me està esperando- me dijo.

-Bueno, que se pasen a la mìa y que te esperen en la casa, vos andà tranquilo.

-Me vas a tener que prestar tu auxilio, porque una se rompiò y la otra hay que ver si se puede arreglar.

Allì nomàs los trasladè hasta la casa, dàndoles albergue mientras el Loco marchaba a terminar el rescate de su vehìculo. Sus chicos junto con los mìos armaron su fiesta de estar invitados en casa ajena, se pusieron còmodos como debe ser en una situaciòn en la que se desconoce la demora, aunque me habìan dicho que habìan penetrado como una hora y media por ese camino. Confraternizamos una cena esperando, y a la  llegada del Loco compartimos un buen vino, fruto de aquellas tierras, como para dar por concluìdo el mal trago. Luego de despedirnos entradas las dos, seguìan viaje para Potrerillos.

La ùnica duda del Loco era si habìa resarcido bien a aquèl gaucho de la 4x4.

-Negro, le quise dar plata y no quiso, se ofendiò, lo màs que dejò es que le llene el tanque de gasoil.

-Y…es un gesto de que acepta el agradecimiento.

-Sì, pero eso no es nada a comparaciòn de cómo nos salvò la vida…- y tenìa razòn porque aquella noche el registro tèrmico fue de 20º bajo cero.

Lo mirè a los ojos claros, ahora tranquilos,  y no tuve respuesta para darle. Hoy le dirìa: “La solidaridad es como una cadena y cada persona un eslabòn, los favores impagables materialmente, debemos hacerlos a algùn necesitado que la vida nos ponga en el camino”.

El Loco volviò a los dos dìas a devolver la rueda, me contò los detalles del percance. Me confesò que si el paisano se negaba a ayudarlos, en la desesperaciòn del momento estaba muy resuelto a amenazarlo de algùn modo violento, lo que me da una idea del cuadro lìmite que enfrentò. El hombre era un puestero que de casualidad saliò a aprovisionarse, le explicò que ese camino era solo transitable en 4x4 con neumàticos reforzados, ya que el comportamiento del terreno era de mover las pizarras con las ruedas delanteras, cortando una vez asì puestas de filo a las traseras.

Le dije que en algunas ocasiones y lugares particulares negar ayuda a alguien es como dispararle un tiro, asique se quedò mas tranquilo por lo que habìa pensado extremamente desesperado en la montaña.

El estreno.

El viaje nocturno fue sereno, por autopista  Buenos Aires-La Plata, la 25 de Mayo, Perito Moreno hasta cruzar la Gral. Paz,  y tomar acceso oeste. De allì en màs, plena RN7. Con cuidado de no sobrepasar los 120 km/h por recomendaciòn de quien instalò la valija de techo, por el tema de la resistencia aerodinàmica que podìa afectar el ajuste a los soportes del techo. Por un momento, antes de salir, delirè con tomar la RP6, pero entrè en razòn que si es peligrosa y traicionera de dìa, de noche resultarìa un atentado voluntario a la integridad del auto nuevo. Fueron las palabras de mi hermana: “Màs vale empezà las vacaciones bien, por unos kilòmetros menos no vale la pena arriesgarte”(porque buena fe daba de ello, ya que en una oportunidad reventò en la 6 una goma doblando la llanta). Enseguida recordè la mala experiencia de Guillo y Sole con algo parecido, entonces màs que tonto con dos tontos a los que les pasò lo mismo. Es que alguna vez la RP6 estuvo buena,  es como un camino de cintura del conurbano por lo que se podìa ahorrar tiempo como tambièn esquivar tràfico; lo que convierte el hecho de ese recuerdo en una tentaciòn siempre peligrosa, ya que han pasado relativamente pocos años que desnudaron el nicho de corrupciòn que desencadenò su acelerado deterioro: agigantado presupuesto inversamente proporcional a la dedicaciòn de hacer de ella lo que estaba proyectado. Asì fueron de irresponsables los administradores de esos fondos pùblicos, aùn hoy siguen esquivando el problema…y nosotros no querìamos ser menos.

       Si bien habìamos usado el auto, fue algo clandestino y de recorridos cortos por caminos faltos de controles. Ahora marchàbamos con la frente bien alta, con todas las de la ley.

       Como hacìa un par de años que nos debìamos vacaciones, nos darìamos algunos lujitos pobretones pero plàcidos al fin. Paramos antes de Lujàn a cenar unas hamburguesas completas en una estaciòn de servicio full (yo liviano, porque me restaba el baile de toda la noche). Era lo que faltaba para que la crìa estè tranquila. La ruta a partir de Lujàn estaba en construcciòn, que si bien no afectaba la propia calzada, no tenìa banquina y lo que estaban haciendo eran los cruces sobre nivel de los accesos a pueblos y barrios, asì hasta Carmen de Areco. Luego una ruta atestada de camiones (los patrones del ambiente) a los que segùn el alejamiento, cada vez con menor frecuencia sobrepasàbamos. En este punto me da que pensar si los conductores, habitantes, trabajadores, pueblos, ¿no nos merecemos una mejor infraestructura vial?…es una vergûenza que una ruta nacional que es corredor binacional de puerto a puerto (Pacìfico a Atlàntico) sea una cinta de 6 mts para todo trànsito. Es cierto que uno se acuerda cuando la circula, a la sazòn de noche y con fines de esparcimiento, igual defiendo la reflexiòn. Con el entusiasmo pasaron las distancias inadvertidas, al tener necesidad de cargar combustible o fisiològicas hacìamos una pausa y tomàbamos aire del lugar.

En particular, hace años que hago este viaje, tomo como punto de inflexiòn a la laguna Picasa (antes un rodeo de tierra, ahora un alteo con puente) como mitad del camino desde mi ciudad hasta el lìmite con la provincia de San Luis, donde comienza la ruta como deberìa ser en toda su extensiòn; de allì en màs es una “papa” llegar a Mendoza, màs ahora que terminaron la autopista desde el mismo lìmite hasta la ciudad. Ademàs tengo vivos recuerdos de mis pasos por la ruta en èpocas mozas, con las que aburro todo el camino a mi pobre esposa, que no veo si està dormida o escuchàndome. Pasando la ciudad de San Luis me atacò el sueño, pero justo Dios echò su mirada y se hizo el dìa lo cual me despabilò. Entre mate y despertar de los chicos pasamos la segunda mitad de esta provincia.Desaguadero Al cruzar a Mendoza dimos con la sorpresa de estrenar autovìa. El despertar fue con mucho apetito y poco a poco nos empujaba el resplandor del sol que nos llevò a una estaciòn GNC donde desayunamos felices de estar pisando tierra prometida.

En adelante transitamos por la travesìa del Tunuyàn por puros viñedos y frutales mendocinos resguardados con vistosas trincheras de àlamos. Ya por lo despejado del cielo vimos desde lejos el contorno oscuro con matices nìveos del mayor accidente geogràfico de las Amèricas.

Luego del rulo que transpola de la RN7 a la RN40 cambiàndonos el eje de nuestro destino, vimos el cartel: Tupungato (y una flecha). Nos miramos animados, empezando a prepararnos para el aterrizaje.

Males de la RP6 

Cierta vez mi hermana viajaba a Còrdoba con necesidad de llegar en el dìa, entonces optò por partir muy de madrugada transitando la malograda  RP6. Desde la RP215 que es desde donde la solìamos tomar, existe un buen trecho nuevo de hormigòn  hasta cierto punto nunca bien recordado. Todo conductor va tomando confianza en velocidad a sabiendas que es traicionera, hasta encontrar las primeras rajaduras arregladas con brea. Luego este arreglo se hace costumbre y se vuelve a tomar confianza, hasta que en algùn otro punto sin aviso la brea desaparece. En la confianza tomada, las irregularidades acantiladas de hasta 10 cm, invisibles a moderada velocidad, hace estragos en neumàticos y llantas. Uno serìa capaz de frenar aunque sea bruscamente para evitar estos filos o esquivarlos, pero es allì donde precisamente reside el peligro, al estar rodeado de otros automovilistas tratando de realizar parecidas maniobras. Uno prefiere “comerse” la irregularidad antes que matarse y allì con suerte se hace acreedor de una rotura de rueda. Esta situaciòn le ocurriò a mi hermana, y con poca suerte doblò la llanta de aleaciòn; se le complicò porque no tenìa las herramientas para cambiarla y tuvo que depender del auxilio del seguro que vino cuando pudo, llegando a Còrdoba fuera del tiempo deseado o calculado.

Algo parecido le pasò a Sole y Guillo, una pareja de novios que tambièn calculò los tiempos por la RP6, para llegar a la tarde de vacaciones a Còrdoba: salieron de madrugada desde Brandsen; reventaron una cubierta, se desanimaron y volvieron, como no habìa gomerìa abierta volvieron a partir y con mayor suerte viajaron sin auxilio hasta el destino. El comùn denominador es que la ruta està buena hasta que de repente sorprende, la banquina està descalzada 15 cm abajo, y si hay tràfico frontal es imposible frenar o frenando es peor “comerse” la rajadura. Dirìase que la ruta es transitable a 40 km/h, pero por tramos es injustificable tal lentitud. Conclusiòn: es una mala tentaciòn, es negocio ir por la autopista aunque se desvìe algunos kilòmetros.

Aterrizajes.

Esta  vez fue suave por la situaciòn ya comentada de la reserva. Es ideal que sea asì, pero generalmente he tenido experiencias desagradables o tensas, a veces por culpa propia y otras por maltrato.

El primer aterrizaje memorable fue en el càmping del ACA de Lujàn de Cuyo, allà por Enero de 1998; llegamos cansados como a medianoche y el encargado no estaba del mejor humor (con la madurez comprendo que un càmping no es como un hotel alojamiento, pero el portòn estaba abierto lo que me resguarda cierta razòn). Dijo ante mi solicitud de pagarle anticipadamente para brindarle confianza, de muy mal talante: “Acampe y mañana cuando nos veamos las caras hacemos trato”. Era pasar la noche para continuar viaje y yo carecìa de los còdigos de acampante. Armamos, cenamos, pasamos la noche y de madrugada gitaneamos por la necesidad de irnos temprano…jamàs le conocì la cara a ese intolerante (aunque creìdo debe estar que nos hizo una gauchada y se la devolvimos mal) en represalia al maltrato que me prodigò “yo infeliz sin tener adonde ir a parar”.

Me fui puliendo y tratè de evitar esas llegadas a destiempo. A partir de allì a mis viajes los planeaba para llegar a destino por la mañana, con tiempo de negociar yendo a varios alojamientos a averiguar los precios, pero algo me jugaba en contra. Generalmente viajàbamos mucho antes de llegar adonde querìamos alojarnos, es decir: “los soldados estaban cansados, algunos estaban volvièndose locos” (sic de una historieta de la revista “Nippur de Lagash”); y se me cruzaba por la mente la idea que podìan amotinarse al no conseguir cama ràpido. Teniendo en cuenta esto, lograba cerrar un trato justo y ràpido antes de echarme la tropa en contra.

Otro memorable aterrizaje fue una noche en Puerto Madryn, adonde no fue problemàtico aterrizar en sì, sino los accesorios de despuès: la cocciòn de un terrible pollo que no pudo llevarse a cabo en su totalidad debido a la falta de fuerza por lo penoso de la llegada (no se hable màs nunca nada del citado pollo).

 Una llegada al pueblo de Tecka tambièn como a medianoche en una posada, donde no dio el aliento para seguir hacia Esquel; nos dieron vueltas para decirnos que solo mujeres y niños podìan alojarse: muy bien, si por ellos era nuestra preocupaciòn (unas dos horas esperando que les preparen la habitaciòn y despuès a cagarnos de frìo en el auto…. brrrrr….).

Uno de rebote estando acampados en El Maitèn y por cuestiones climàticas, a metros en la cabaña desocupada del mismo càmping, regateo mediante.

El màs reciente casi fue pero no pudo: en el Hotel de Turistas Tupungato (hace un par de años, en invierno) bajamos con el nene a mirar habitaciones, pero a la hora de los precios “tenìamos que pensarlo”. A la hora de la consulta el niño estaba encaprichado de quedarnos ahì por las comodidades que lo deslumbraron y puso su mejor cara de “puchero”, en la camioneta alguien preguntò: “¿què le pasa?”; entonces la màs pequeña en su media lengua le contestò: “No tenemo aronde dormì, vo…” (risa general, y llanto del niño que se sintiò burlado).

Otros fueron  paseos por casas y cabañas promocionadas donde uno se encontraba con la realidad distante de la propaganda: preferìa mediocre no promocionado y pelear  los precios.

Lo bueno de todos los aterrizajes forzosos era empezar a disfrutar una vez instalados, ya de las comodidades acordes con el precio, ya de los precios una vez sincerados los servicios. Pero estos recuerdos son del final feliz de nuestras llegadas, el lapso anterior de tiempo y vueltas es el que dilata el cansancio en su curva màxima: el estar en la localidad en sì, pero todavìa tratando de conseguir adonde apoyar la cabeza.

La verdad que extrañè un poco todos estos lìos, pero la tranquilidad estaba acorde al disfrute de tan pocos dìas.

In situ.

Llegando a TupungatoEsa mañana de calor llegamos serpenteando por el camino de los Cerrillos, observando las cigûeñas extractoras  y los oleoductos de crudo esparcidas por el paisaje, hasta llegar a la cumbre del cordòn desde donde se aprecia gran parte del valle de Uco. El volcàn de cima redonda señorea como respaldar a su ciudad homònima, el amplio valle ofrece distintos tonos de verde segùn el cultivo que produzca, demarcados por trincheras de añosos àlamos. A los laterales del monte estàn los eternos compañeros, hasta donde se pierde la vista, tambièn nevados en sus cimas, pareciendo a simple vista una uniforme cortina de fondo, que colgada con la mano de Dios se suspende bajo la pureza del azul cielo. Tupungato me pareciò atractivo por la tranquilidad que se adueña del lugar, y estratègicamente elegida como teatro de operaciones por encontrarse equidistante de los recorridos pretendidos para este viaje, hacia el norte como hacia el sur.

Aterrizamos, descargamos el equipaje, nos acomodamos y almorzamos. Vuelta a la cabañaMientras los chicos fueron a ver la pileta, intentè descansar pero la tensiòn y ansiedad de la reciente llegada no me dejò mas que cerrar los ojos un rato. Resuelto a no perder tiempo me levantè a planear una salida al càmping Municipal, que tuvo el apoyo de todos par salir a conocer. Nos familiarizamos  con las avenidas, los accesos y los alrededores (me dijo mi hermano una vez: “el Infante de Marina lo primero que debe hacer es ubicarse”, que le habìan inculcado en la colimba), ahora bien, ya estaba camuflado y  me sentìa del lugar.

Circulando internamente por curvos caminos costeados de acequias y alamedas, luego de varias encrucijadas dimos con el càmping, que para nuestra sorpresa estaba disponible casi todo para nosotros, mòdica entrada mediante. Camping Municipal TupungatoElegimos una playita de arroyo, bajo un diquecito que repartìa agua de deshielo a dos compuertas; allì pasamos la tarde tomando baños y admirando la naturaleza del lugar en su generosa ofrenda de agua la cual mal creemos infinita. A la vuelta, de pasada por la carnicerìa compramos chorizo, tapita  y leña (podìa elegir entre leña o carbòn, me inclinè por la leña para ser todavìa màs del lugar), dàndole sentido a la churrasquera que poseìa la cabaña en el patio trasero. Llegò la hora del calor placentero de las llamas, con su final feliz de choris y carne a punto.

La promesa.

No querìa esperar para retribuir los favores recibidos, entonces estaba resuelto a llevar mi pelo lo antes posible a la Cruz de Paramillos. Para ello expuse mi plan: madrugar para llegar a Potrerillos por el camino de la Carrera.

Al amanecer salimos con las ùltimas estrellas, controlamos la presiòn de los neumàticos en la YPF del pueblo (importante para circular seguros por el ripio), rumbeamos para San Josè, donde se encuentra la opciòn entre los Cerrillos o la Carrera. Allì hay un destacamento de policìa, preguntè por el estado del camino y me dieron el visto bueno. A partir de ahì comienza un ancho camino de ripio que estàn asfaltando…y un èxodo de trabajadores transportados en las cajas de camionetas que pasan “como cabaret en quiebra” (echando putas), levantando un tremendo tierral. Por suerte nuestro viaje parecìa ser màs largo que el de ellos, porque se internaban por las entradas de las estancias, quedàndonos pronto solitarios paralelos al arroyo Anchayuyo, cuyas aguas son utilizadas para riego en la zona.Cordon del Plata Màs adelante nos adentramos por el valle de altura paralelo al cordòn del Plata, donde se ven llanos cultivados de forrajes y papa, mutando en àrea de pasturas de bovinos segùn se avanza. Marchamos por esa mìtica ruta 89, abrièndonos camino como el sol en la incipiente mañana; sol que resplandecìa en la costra nìvea de las cimas contrastando con las moles pardas, cuyo acercamiento estaba en el punto màximo y regalaba a nuestra vista el secreto de su majestuosidad. El Narrador silencioso nos daba càtedra de una obra para la cual no alcanzaban las palabras, y con la maestrìa final de aquèl capìtulo daba comienzo otro.

RP89Comezamos el descenso hacia Las Vegas y el camino transformò el ensueño en atenciòn, en un tramo  accidentado y abrupto. En adelante empalmamos la ruta de asfalto y retomamos en Potrerillos la tradicional ruta 7 camino a Uspallata. Realmente valiò la pena levantar a los chicos temprano para darnos semejante placer, cosa difìcil de olvidar, prefacio del objetivo de aquel dìa.

Uspallata se abrìa a nuestra llegada, grandemente modesta y servicial, paramos a cargar nafta y desayunar en la YPF. Habìa advertido por La Carrera mirando el retrovisor, una disipasiòn un poco rara para mì. “Viento arriba” dijo el playero ante mi inquietud.

-Vamos para Villavicencio, ¿no sabès si allì tambièn hay viento?- me preocupè.

-Ese auto baja de Villavicencio y no me dio ninguna novedad, eso que son turistas.- señalò un auto que se estaba yendo, comùn y sin grandes depòsitos de tierra.

Recabar informaciòn a la pasada significa el èxito de una excursiòn o renegar de la misma borràndola de la categorìa de paseo; los lugareños nos dan indicios y nos advierten, solo hay que charlar con la gente y escucharla atento para evitarse malos tragos.rp52 Uspallata Entonces enterados salimos por la ruta 52 hacia Paramillos. En otra oportunidad admirè el “milagro” que es ver la Cordillera cada vez màs cerca a medida que nos alejamos de ella hacia el este, solo que esta vez se advertìan turbulencias opacando las siluetas colosales. El camino de ripio bueno, los chicos bien despiertos me pedìan que tocara una y otra vez el “baile del caballo”, para hacer coreografìas de sentados. Por el viejo camino empiezan a dibujarse màs curvas, entonces sabemos que estamos cerca de la “ciudad fantasmal”, una villa minera en ruinas que intentamos visitar. No llegamos a las edificaciones principales por temor a algùn daño en los neumàticos, porque se notaban las piedras puntudas de un camino atorrante que habìa dejado de ser ripiado,  que no se podìan evitar (no vaya a ser cosa de rifarlos sabiendo lo dañino de ese piso);Socavòn bocamina pero llegamos a subir un poco y conocer màs de lo que se ve desde la ruta principal: el pozo de agua, la bocamina por donde vienen los rieles (enrejado, propiedad privada), y el tramo hasta el sedimentador donde volcaban las vagonetas y se lavaba el mineral (que es lo que se ve desde la ruta). Ahora entendimos un poco màs el antiguo proceso.

Unos pocos y màs cansinos kilòmetros nos depositaron en la parte màs alta del camino, desde antes se viene viendo la blanca cruz, y al llegar, la ermita ladrillo. Cruz de ParamillosEn su interior la Protectora de los pasajeros de esos caminos.  Allì  me cortaron los mechones crecidos especialmente para esa ocasiòn, y se los dejè a los pies, meditando profundamente las dificultades de los logros. Agradeciendo el fiado, saldando mi deuda, estaba feliz de haber cumplido.

Leña o carbòn.

La tarde anterior, en que volvimos del càmping municipal de Tupungato, comprando lo necesario para un asadito, tuvo intervenciòn el carnicero para convencerme de cocinar a leña.

-Por acà casi a carbòn no hace nadie.

-¿Y con cuànta leña me alcanza para lo que llevo?

-Un atadito nomàs.

 -Lo veo pobre al atadito- dudè.

-Nomàs para los turistas traemos un poco de carbòn- se sonriò, sabiendo mojarme la oreja como si yo llevara en la frente un cartel que dijera: “Quiero ser y sentir como la gente de acà”.

-Dame un atadito nomàs- aceptè proponièndome hacerlo a leña.

Entre sonrisas còmplices de los empleados me cobraron y me retirè con la idea fija de lograr algo bueno sin conocimiento de causa. Si para algunos es premisa o ley lo que yo descubrì, acertar desde la ignorancia me hizo màs sabio.

Descubrì hace rato la rareza del comportamiento del fuego y el calor en la altura. Haciendo en el verano del `98 un asado en Uspallata con carbòn, en principio notè que el paquete es de 3 kilos y no de 4, que viene en cartucho madera y no en nylon (me ofrecieron leña pero no quise saber nada). Tenìa mi sospecha con el punto de ebulliciòn del agua, ya que varias veces se me hirviò el agua para el mate, y era asì segùn los libros de fìsica debido a la menor presiòn atmosfèrica ya que para la temperatura de ebulliciòn hay que tenerla en cuenta. Con esto observè luego que el fuego perdura màs en altura que a nivel del mar; concluì que con razòn si el fuego dura màs, venden por ejemplo el paquete màs chico (claro, segùn la necesidad del lugar). Ahora bien: el fuego, calor o calorìas duran màs tiempo pero calientan menos; por lo que hay que habituarse a manipular o “apurar” la cocciòn. Hasta aquì siempre a carbòn, y tal vez por eso sabìa que me iba a costar asar a leña con el plus de la altura; entonces creyèndome lo suficientemente experimentado en teorìa, recogì el guante del carnicero y su sèquito de compañeros (gente sencilla de un barrio de Tupungato, a los que como en todos lados les gusta divertirse con los forasteros). Me costò, pero lo logrè. ¿El mètodo?: meterle leña prendida directamente bajo la carne, la carne chupa el calor del fuego que luego se hace brasa y brinda un poco màs de calor, si se apaga, entonces se repite la operaciòn. Me fue bien, se lo dedico al carnicero y sus amigos. Ah, y si se hace al carbòn, el cartucho madera hace las veces de iniciador de llamas, que es suficiente en altura para que encienda bien el fuego.

La vuelta.

En Paramillos se veìa cada vez màs alborotado el cielo por el tema del viento, con lo que resolvimos una vez cumplido el ceremonial, dar la vuelta por Villavicencio, Canota, almuerzo en Mendoza y regreso a nuestro alojamiento.Camino del año El camino de las 365 curvas està bueno para transitarlo tranquilo y sin presiòn de tiempo alguna, con mucho cuidado siempre pensando que en cada curva ciega puede venir alguien de la mano opuesta. Bajada a VillavicencioEs pura bajada en el sentido en que lo hicimos, con varios puntos panoràmicos de los caracoles finales hacia el hotel, en que se pueden tomar fotos esplèndidas. Una vez que decido andar un camino de ripio me entrego a èl, con el tiempo que me lleve, tengo en cuenta los kilòmetros para tener referencia pero soy de la idea que para tomarlo y querer salir enseguida de èl, mejor serìa ni haberlo considerado (filosofìas de uno).

Tomè nota de una arboleda ideal para hacer un asado en el futuro, es en paraje  Los Surtidores, un poco antes de llegar al hotel.Los Surtidores

La larga recta de Canota y Plumerillo estaba muy buena, recostruida recientemente. Nuestra entrada a la Gran Manzana de Cuyo fue con gran apetito, buscando a lo largo de la Av San Martìn un local de comidas ràpidas donde somos habituès, Super Hot, en la esquina de 20 de Junio. De allì el clàsico paseo por el centro, por la hora habìa poco movimiento en Parque Independencia. Volvimos por la autopista, tomando la ruta 40 y otra vez los Cerrillos. Ahora de frente sì se notaba mal tiempo en la montaña, se ve que tanto viento trajo la tormenta. Compras mediante llegamos a la cabaña.....

                    ..... CONTINUA en      http://www.acampante.com/relato/775/destino-san-rafael

Comentarios sobre Destino Tupungato

E-X-C-E-L-E-N-T-E!!!!!
Hermoso relato, muy detallado, muy planificado, se que es un placer viajar con vos...
Un beso, tu hermana :)

Nora | Villa Rumipal. Cordoba.  | 16/07/2013

Oskar:
Espectacular tu relato. Me hizo revivir nuestro paso por la Cruz de Paramillos allá por Abril del 2010.
Impresionante lo vivido por el "Loco Wander"
Gracias por compartir el viaje...
Saludos.-

JuanJosé López | Candelaria. Misiones.  | 16/05/2013

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