Relatos de Viajeros

Relatos de viajes » Fotos de viajes »

Registrate o iniciá sesión para compartir tus experiencias de viajes con todo el mundo

Destino San Rafael

Relato de María Paula - Publicado el 04/05/2013

Lugar de partida: Tupungato (Mendoza)
Lugares visitados:

Viajeros: Mimu, Lachi, Pepito, Ratona, Kari y Oskar

Vehículo: Monovolumen familiar
Alojamiento: Departamento en San Rafael


Ver comentarios (7) »

Viene de http://www.acampante.com/relato/774/destino-tupungato

rancho

MOMENTOS FELICES

 


Ahora de frente sì se notaba mal tiempo en la montaña, se ve que tanto viento trajo la tormenta. Compras mediante llegamos a la cabaña, los chicos fueron corriendo a la pileta climatizada y pasaron el resto de la tarde nadando. Segùn lo intuido se largò un aguacero que nos hizo recluir el resto de la tarde-noche a preparar algo casero para cenar. Como broche de oro vivimos por TV el final de la exitosa novela “Graduados”, muy bueno. Ya pensaba en la partida de la pròxima mañana.

El dìa habìa sido un èxito, habìamos cumplido el principal objetivo, y estratègicamente ubicados, nos largarìamos hacia el sur con destino al segundo oasis mendocino.

Hacia el sur.

Acceso San RafaelTeniendo vivos y frescos recuerdos de algunos lugares nuevos (tambièn de otros reencontrados), dejamos atràs la primer etapa de las mini vacaciones de estreno. Nos levantamos a preparar la mudanza, con todo listo y acomodado nos despedimos de la dueña de casa. De pasada compramos unos vinos directos de la finca, unas nueces mariposas que son las mejores, y unas bolsitas de mix de: pasas de uva, almendras, pistachos,castañas de cajou; destinadas a la mesa navideña. Salimos buscando Tunuyàn y a partir de allì empalmamos la ruta 40 recorriendo los verdes regadìos del valle de Uco. Bordeados de emblemàticos àlamos, los cultivos de especias inundan el valle hacièndonos paladear su rico aroma, hasta el final, hasta el viraje en Pareditas tomando la ruta 143. El alto paredòn paralelo que nos acompañaba, matizado con la proyecciòn de sombras de ralas nubes  sobre las laderas, denunciaba con su progresiva oblicuidad nuestro desvìo hacia tierra adentro, cambiando su punto de fuga notablemente,  despidièndonos desde la lejanìa con un brindis de vista oscura de su recorte contra el cielo claro. Nos internamos en una extensa estepa. Entre amplias lomadas interrumpidas por cañadones de cursos intermitentes llegamos al acceso en rotonda de San Rafael.

El “tùnel” de plàtanos cuya sombra refresca la llegada a este oasis, auguraba momentos felices de amistad con el sol; y como si fuese poco, màs allà se veìan las bodegas a lo largo de la entrada, para completar el paisaje de “la tierra del sol y del buen vino”. La nueva visita me remontò a simple vista a mi ciudad natal, por lo parecido de las amplias veredas sistemàticamente forestadas casi con las mismas especies (aunque hace como 35 años atràs, cuando las edificaciones eran màs chatas y habìa menor caudal vehicular). Mapa mediante nos ubicamos y hallamos el departamento cèntrico, descargamos el equipaje, arreglamos cuentas y nos dispusimos a almorzar (para esto los almuerzos y las cenas tendìan a ser en restaurants, parrillas, fondas o fast-food; por un permitido de gastar en confort ya que solo eran cuatro dìas para disfrutar a pleno).

Despuès de la comida curioseamos en Informaciòn Turìstica a media cuadra del alojamiento, y nos dieron una orientaciòn de manual dicièndonos que a esa hora era imposible realizar el paseo por el cañòn del Atuel porque era tarde. Nos dieron el itinerario marcado en el folleto donde incluìan con ese paseo la necesidad de degustar vinos en tal o cual bodega de pasada, de jugar golf en otra…pero bueno, habìamos ido a averiguar como quien no sabe lo que quiere.Observando desde El Nihuil En definitiva cuando regresamos al departamento para prepararnos, le preguntamos al dueño como nos convenìa hacer el recorrido, que fue lo que màs tuvimos en cuenta: “Te conviene ir al Nihuil y regresar por el cañòn, porque desde allà tenès bajada abrupta que tal vez estè medio fea por la lluvia de anoche”; me aconsejò (la lluvia era la que trajo tanto viento a la noche, cuando estàbamos viendo el final de “Graduados” en Tupungato). Entendì bien su instrucciòn: de Valle Grande para El Nihuil es bajada màs suave que a viceversa, es decir que se nos complicarìa con ripio lavado en la cuesta final llegando al Nihuil (de haberlo hecho al revès como nos recomendò Informaciòn Turìstica). Èstos son los consejos que uno quiere escuchar, sobre todo si se hace conocer como paisano en los puestos de informaciòn turìstica, pero algunos promotores parecen funcionar con un “cassette” puesto (detalles para mejorar: tipificar y orientar depende la gama del turista).

El cañòn.

CañonResueltos a aprovechar el resto del dìa, tomamos la avenida Balloffet hasta cruzar los dos puentes del rìo Diamante, viramos a derecha por una ruta que nos llevò a la cuesta del Ternero, pintoresco ascenso al bloque de San Rafael. Ya arriba en la planicie nos llevamos una sorpresa por demàs agradable: divisamos un cordòn nevado en el cual destacaba el Sosneado. Viajamos con esta inesperada compañìa tal vez cercana, tal vez lejana, hasta el acceso al dique Nihuil. Desde allì se tiene una vista frontal al Cerro Nevado, solitario nevado apenas aùn en pleno verano. La tarde se fue transformando gradualmente a nublada, y al llegar al embalse fue notorio el cambio de clima a sus orillas ventosas. Un paseo por la villa entera pagò deudas del pasado, conociendo hasta su ùltima callecita. Contemplamos el paisaje completamente desde la costanera, con vistas al Sosneado y otros cerros blanqueados; luego de satisfacernos de la paz del entorno partimos a la mayor atracciòn planeada para ese dìa.

el mendigoComienza un curvado camino a nivel, desde donde se obtienen panoramas de la entrada del cañòn abajo, del valle y  del embalse Nihuil. Luego se desciende en varios caracoles hasta el rìo Atuel, y desde allì hasta casi el final del recorrido se lo acompaña por el margen derecho. A cada tramo sorprenden las cambiantes formaciones. En sì se viaja por una hendidura del bloque de San Rafael, es decir se baja de la planicie alta para recorrer un valle estrecho formado caprichosamente durante milenios, que nos hace atestiguar la antigûedad de la orografìa en ese lugar; como si fuese un obsequio, un gigantesco souvenir salvado que se nos regala al momento de recorrerlo. Sin desperdicio.fuera del camino El camino de ripio decepciona de entrada por los serruchos, luego se olvida por lo abrupto del descenso, se estabiliza durante la mayor parte del recorrido; exige màxima prudencia en tramos angostos mixtos con curvas ciegas. La baja velocidad a la que es posible circular parece estar estipulada para no perderse detalles, describirlo es privar de sorpresa a futuros visitantes. Paramos varias veces que nos fue posible a tomar fotos con los originales y pintorescos paisajes del cañòn, de a veces nos ofrecìa un engorde del rìo explotado, verde esmeralda antes de las turbinas (antes de las mismas estancado para por medio de los tùneles ir a parar màs adelante del camino). Un par de veces se transita por el patio de las edificaciones de las centrales hidroelèctricas, y se siente el sonido de la turbulencia que atrapa al viajero ocasional en un vèrtigo que da sospecha sobre el potencial del Atuel en estado salvaje.

corazon de cañonA lo largo de bordear el rìo en su estado de aprovechamiento, disfrutamos sabiendo de su importancia, y por sobre todas las cosas la talladura que logrò el tiempo en el cañòn, mas la obra humana de realizar el camino necesario para el acceso a su explotaciòn, de allì en màs aprovechado para el turismo. Llegò la culminaciòn, ascendimos suave y extensamente al acantilado que da excelentes vistas del “submarino”, ya contemplando el Embalse Valle Grande.

Librado del dique el rìo recobra su impetuosidad, mostràndose caudaloso a la vez que manso por la anchura de su cauce. El paisaje se renueva, ahora el rìo exhibe las gruesas aguas luego de brindar su energìa convertida en electricidad, se brinda al riego bien aprovechado en anchas  franjas de tierras fèrtiles gracias a su desangrado artificial.

submarinoYo me daba por satisfecho con el funcionamiento del auto, despuès de todo estaba pasando por una prueba (no vaya a ser como el 0km de “Pelota de Trapo”, que le dio una desagradable sorpresa).

El sol ahora cansino volviò a mostrarse en nuestra vuelta por corredores productivos, donde la gente regresaba a los hogares para vivir su otra vida, la propia, despuès de haber dedicado el dìa arduamente a las estrellas esfèricas del verano: las uvas. Regresamos por la misma avenida, detenièndonos esta vez en los puestos artesanales de la isla para comprar chucherìas para llevar de recuerdos.

Regresamos al departamento, luego de un baño salimos a pie por el centro, buscando una parrilla para degustar chivito. La sorpresa fue que eran todos restaurantes de alta gama los que se daban el lujo de tener chivo al asador (es que tambièn nos acordàbamos tarde de las necesidades y tal vez los accesibles ya habìan trabajado màs temprano). Asique terminamos comiendo minutas sabrosas.

Pelota de trapo.

Cuando casi nos estaban por entregar el 0km, tuve que tomarme dìas para hacer tràmites y documentaciones, entonces se enteraron los compañeros que algo traìa entre manos. Los màs atentos se enteraron a pesar del hermetismo, aunque no querìa que con su curiosidad me produjeran mas ansiedad que la propia. Una semana tuve que acompañar a Eduardo para hacer trabajos de reparaciòn en lìneas telefònicas de la planta externa, a quien un ex compañero habìa puesto de apodo “Pelota de Trapo” porque decìa: “adonde lo tiràs queda” (aludiendo a la docilidad y mansedumbre para encarar los trabajos). Entre desplazamientos conversamos mucho de viajes y autos, hasta llegar al tema del 0km que estaba esperando.

-Por fin –le comentaba- vamos a poder disfrutar los viajes sin tener que estar pendientes del funcionamiento del vehìculo.

esquema nihuilesY le contè las desagradables horas y dìas que tuve que pasar pensando adònde llevar a arreglar algùn “problemita” que surgìa siempre que habìamos llegado con el auto herido de algo o por el camino de vacaciones.

-Es un alivio tener un 0km y despedirse de los problemas –agreguè.

- Mm…igual si te tiene que pasar te pasa, pero es preferible que lo conozcas y exijas mientras estè en garantìa- aconsejàndome sembrò la duda.

Sabiendo que me causarìa sorpresa lo que tenìa para contarme, empecè a escuchar su mala experiencia, la cual guardaba con celo.

-Te lo digo a vos porque me contaste tambièn lo mal que la pasaste- se sincerò, sabiendo de la voracidad de algunas personas que parecerìan gozar con los problemas ajenos, pero por sobre todo para resguardarse que no cuente nada, debido a que serìa vìctima de las chanzas debido a su fama de “mufa”.

Y comenzò el relato que aquì sintetizo.

Habìa viajado para estrenar un 0km tambièn a Mendoza, con su señora, el hijo (de 19 años) y su mamà, una señora ya mayor. Durante el recorrido propiamente dicho desde La Plata a Mendoza disfrutò el andar de su flamante auto, como era de esperar sin ningùn problema. Hospedado en Potrerillos, habiendo pasado la primera noche, luego del almuerzo se dirigieron a la primera excursiòn: el centro de esquì Vallecitos. En este clima de invierno montañès las tardes son agradables al reparo mientras el sol estè arriba, ahora cuando va perdiendo su potencia en el ùltimo tramo de su derrotero hacia el occidente, se acentùa el frìo convirtièndose en un flagelo mortal si no se encuentra refugio.

Eduardo trepaba observando las hermosas vistas hacia el valle del rìo Blanco, cuando sintiò que la aceleraciòn que comandaba no se correspondìa con la respuesta del motor, acto reflejo mirò el tablero y viò espantado que la temperatura habìa superado la normalidad. Sin embargo guardò calma haciendo lo que dicen los manuales: parar el motor y esperar a que se enfriara; al razonable rato encendiò y prosiguiò el ascenso empinado casi llegando, creyendo que era asì la brava subida que hacìa por primera vez, no estando fuera de contexto una calentada. Al virar en esos caracoles dando la cola al viento, directamente se parò el motor; esta vez volviò a esperar pero la parada forzada ameritaba levantar el capot: el nivel estaba bajo. A esa altura solo querìan que el auto volviera a andar para pegar la vuelta, pero el manual de todos los autos nuevos reza siempre “ante una parada de motor por el sistema de seguridad, no insista, llame a un auxilio y dirìjase inmediatamente a la red de la marca”, ante tal condicionamiento de la firma para mantener la garantìa y siendo un auto de alta gama que se tiene una sola vez en la vida, Eduardo seguìa hasta ese momento las instrucciones a rajatabla. Aunque bajò al rìo cercano a llenar de agua una botella para completar refrigerante hasta el nivel; en esta operaciòn se ocupaba cuando cruzò el ùnico vehìculo bajando, al que se apurò a detener para enviar al hijo a hablar por telèfono con el auxilio al ùltimo paraje que recordaba: el campamento de Vialidad en el puente donde cruza el rìo. Esperaron. Las nieves, los hielos simpàticos a la vista en pleno dìa, se envalentonaban ante el crònico debilitamiento solar. Las mujeres angustiadas hacìan suposiciones sobre la nada, queriendo obtener algo que se pareciera a una respuesta; varios intentos de llamar por celular fueron infructuosos por falta de señal, por el mismo motivo tampoco podrìan comunicarse con ellos. La ùnica esperanza era el pibe en comisiòn, por lo que en silencio se gestaba alguna soluciòn. El sol se despidiò tras una montaña, el frìo dio una magnìfica apretada, Eduardo resoplaba vapor y vio nada menos que a su madre temblar dentro del auto. Allì mismo tomò una decisiòn simple y grande: “ni loco espero cinco minutos màs, doy la vuelta y llegaràn hilachas del auto pero acà no nos vamos a morir de frìo”; se propuso. De la planificaciòn a la acciòn, en bajada y con la adiciòn de agua no hubo màs problemas. Por allà de frente un remolque les hace señales de luces reconocido por el pibe que venìa allì al rescate. Cerca de la cabaña, favorecidos por el camino de bajada dejaron allì a los pasajeros y recièn subieron el auto a la plataforma. Antes llamò a la asisitencia de 24 horas de la marca para la garantìa y le indicaron ir al taller oficial a Mendoza, donde estaba a la espera el encargado que recibiò especialmente el auto a esa hora en dìa domingo. Volviò en remìs hasta Potrerillos, pensando amargamente cual serìa el problema del auto, pero el lunes por la tarde ya lo sabrìa.

-Y jefe…¿què le encontrò?- impaciente Eduardo, el lunes a ùltima hora llegado en colectivo.

-Un problemita de montaje.

-¿Pero le afecta en algo al funcionamiento en el futuro?

-No, acà se corrigiò el tema y gracias a que no insistiò de subir esa cuesta y a agregarle agua, se puede decir que ahora sì va a salir andando en un 0km.

-¿Còmo?... y entonces que pasò…

-Estaba mal montado el electroventilador de fàbrica, ahora lo pusimos bien.

-Y como estaba què hacìa?

-En vez de traer aire fresco del exterior, chupaba el caliente del motor y lo tiraba al radiador, al revès que como tiene que funcionar.

-Ah…me van a tener que reconocer los gastos y las incomodidades…-reclamò “pelota de trapo”.

-Llame otra vez a “asistencia” y manifièsteselo, es el problema de ellos, yo le digo que el funcionamiento serà òptimo en adelante, darè el informe que concordarà seguramente con su reclamo.

Eduardo llamò a “asistencia” y le resolvieron las inquietudes, lo resarcieron de las pèrdidas econòmicas causadas por el mal funcionamiento de fàbrica de su auto.

Tranquilo siguiò sun ruta planeada, luego del suceso. Y nadie se hubiese enterado sino yo…probando un 0km tambièn en garantìa, exigièndolo segùn su consejo.

Ultimo dìa.

Habìa visto en el patio del departamento una pràctica parrilla, ideal para despuntar el vicio de hacer fuego (jurè esa mañana no retirarme sin hacerle el tratamiento antiòxido).

los ReyunosLuego de desayunar tarde, partimos por donde llegamos rumbo a conocer dique Los Reyunos. En el camino aprovechamos a visitar el museo del fuerte San Carlos, muy buena y provechosa parada que disfrutamos con los niños. El sol a plomo nos bendijo en ese hermoso camino. Disfrutamos de fotografiarnos con esas aguas turquesas. A la vuelta el apetito tallaba y nos detuvimos en un bolichòn esquinero de campo al que habìa echado el ojo a la ida. A falta de parrilla me conformè con unos ñoquis caseros excelentemente regados con un tinto de la casa, pero no de cualquier casa sino de una finca de perfecta elaboraciòn alicorada. Los demàs pidieron empanadas y minutas, que disfrutaron a pleno. Ruinas del fuerte San RafaelExcelentemente atendidos regresamos al departamento a arreglarnos para pasar el resto de la tarde en un lugar adonde años atràs nos olvidamos de sacar fotos: El Escorial.

Por caminos productivos paramos en un momento, dubitativos por el rumbo, en un rancho que publicaba venta de sidra a comprar cantidad suficiente para pasar las fiestas, preguntè luego por el càmping del Escorial, y cercano, nos dirigimos allì.

escorialNos acomodamos en una sombra para disfrutar las refrescantes aguas de un arroyo. Estaba jugando con los chicos dentro del agua cuando comencè a advertir una mayor correntada, en ese momento baja un señor mudando su reposera y pertenencias, alarmado me comunica que abrieron la compuerta. Ahì nomàs armamos un urgente operativo evasivo y nos acomodamos en un lugar alto desde donde alrededor de una hora màs tarde vimos como el caudal volviò a su estado primero. Recièn entonces visitamos por el sendero que costea el arroyo la cascada que se forma desde la altura del canal Malvinas hasta el vallecito, unos diez metros de ruidosa caìda, en una hoya que da comienzo al curso, un entorno de humedad en el medio del desierto de los alrededores.

A esta altura, al ritmo que el sol debilitaba su calor y su luz, yo meditaba terminàndome el refresco en la reposera en compañìa de los mìos. Pensaba en nuestros futuros: en los planes inmediatos y en los derivados segùn las situaciones con que topàramos en la vida; ambos multiplicados por seis que somos. Con seguridad al inmediato tratarè de hacerlo ameno y productivo para asì encarar con otros aires a los tiempos de màs adelante. Realmente a estos viajes que uno puede hacer, en personal juicio de valores ordenando prioridades, los considero ùtiles para la instrucciòn de mis hijos en los mismos entornos naturales, para que adquieran conciencia sobre su valor y en consecuencia de su cuidado. Esta parte me parece primordial para la construcciòn de un futuro a largo plazo, sabiendo querer lo que se habita, lo que se conoce, lo que se tiene.

Volvimos comprando un trozo de chivito para hacer uso del accesorio que al principio habìa visto en el patio. El juramento de temprano saliò a punto y sabroso (resumen de nuestra estadìa en cuyo).

El regreso a casa comenzò a media mañana siguiente, colmados los ojos de tanta frescura, los corazones esperanzados en llegar para compartir con los seres queridos  Nochebuena y Navidad. Asì buscamos entre el oasis sureño el derrotero entre los pueblos que desangran casi totalmente al Atuel para dar sus ùltimos frutos en General Alvear y Bowen, desde donde nos internamos a devorar extenso kilometraje de la recta RN 188, para empalmar la 7 en Junìn, dando como al vino el trago aquèl que dicen los expertos que tiene un “largo final en boca”.

pasando a San LuisEl juramento de hacer asado esa noche fue como haber planeado cumplir la promesa en la Cruz de Paramillos. “A punto”, en el tiempo justo, sin dejar pasar las ganas de estrenar el producto del compromiso. Sabroso, probando el auto a pleno, sin tener malas experiencias como las propias anteriores o las transmitidas por cercanos.

Los bellos recuerdos del viaje persisten en deseos latentes de volverlos a vivir pronto, como al ùltimo trago de una copa, paladeando cada momento feliz.

 

Comentarios sobre Destino San Rafael

Hemos leido tus narraciones con mi esposo y realmente nos has deleitado,y agradezco que tengas ese hermoso don de la escritura(que no poseo)pero nos has hecho disfrutar el paisaje cotidiano que agradecemos todos los dias de vivirlos...la vista del Sosneado.Somos dos jubilados oriundos de San Rafael que decidimos mudarnos a estos parajes Nihuileros,cariños y gracias nuevamente.

Rosa Zorrilla | El nihuil. mendoza.  | 31/01/2016

Juan jose quiso comentar aqui desde http://www.acampante.com/foro/anecdotas-experiencias-y-relatos-de-viajes-realizados-31/recorrida-cuyo-1546/index2.html#post16317

Oscar | L. Olmos. Bs As.  | 16/05/2013

gracias jan, gracias juan jose

Oscar | L. Olmos. Bs As.  | 16/05/2013

Excelente Oscar, muy bueno ambas partes del relato, no solo la información y fotos sino que resulta muy atractiva su lectura. Saludo campista

Jan  | Bahía Blanca . Bs. As. .  | 14/05/2013

Completá el formulario para dejar tu comentario

Anunciá en ACAMPANTE.com