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Primer Encuentro de campistas

Relato de marcos - Publicado el 04/05/2007

Lugar de partida: Palermo (Ciudad de Bs. As.)
Lugares visitados:

Viajeros: Primer Encuentro de campistas - Por Marcos Espinoza

Vehículo: Camionetas 4x4
Alojamiento: Refugio Moconá


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Nos internamos en el corazón de Misiones durante más de tres horas cruzando arroyos, subiendo y bajado zigzagueantes caminos de tierra colorada. Mientras tanto, nuestros ojos y cámaras no paraban de fijar imágenes de la imponente vegetación que ofrecía la naturaleza dentro de la reserva biosfera Yabotí en la selva misionera, lugar que transitamos en un vehículo 4x4. A medida que avanzábamos, las sensaciones de adrenalina, placer y temor por lo desconocido se mezclaban con la ansiedad de llegar hasta el “refugio Moconá”. Allí nos aguardaba un oasis de tranquilidad, luego de atravesar muchos kilómetros de inmensa flora, sin más que nuestra compañía y el continuo rugir de la Land Roverd que se abría paso ante todas las adversidades que presentaba el camino. Partimos desde Buenos Aires con la idea de vivir días de aventura y evidentemente nuestra primera expectativa se estaba cumpliendo. Como era de imaginar, la lluvia fue nuestra primera compañera, por lo tanto arribamos al refugio bajo un intenso chaparrón (común en esta parte del país, ya que el clima es subtropical sin estación seca). La gente del refugio nos esperaba con todo preparado para que nuestro acampe fuese lo mas rápido posible bajo el intenso aguacero que parecía no iba a parar por horas.

Por suerte, el lugar contaba con un gran quincho donde podríamos poner la carpa en caso de no querer mojarnos tanto. El refugio cuenta también con dormís, (para aquellos que no quieran armar la carpa), comedor, baños con duchas, agua caliente y energía eléctrica, todo un lujo para estar en medio de la selva. Una vez acomodados y con nuestras carpas armadas, las ganas de recorrer el lugar ya no se podían contener, así que decidimos adentrarnos por un sendero que parte del refugio y que conduce hacia el Salto de Horacio. Este lugar es una cascada y su caída de agua se escucha como un rugido constante desde donde acampábamos. Organizados y coordinados por nuestro guía Rubén Lyall empezamos el recorrido cruzando un puente colgante sobre el arroyo Oveja Negra. Desde allí, siempre bajo una constante lluvia y acompañados de coloridas mariposas, el canto de aves y el sonido de animales, caminamos durante 45 minutos subiendo y bajando por senderos marcados por el transito humano. Entre explicaciones, bromas y avistajes, llegamos al salto. Al cruzarlo por la parte superior vimos caer torrentes de agua estrepitosos para formar una olla de variable profundidad dependiente del caudal del arroyo. Fotos de aquí, fotos de allá y un parate de 20 minutos para apreciar la perfección y belleza de la naturaleza nos hizo sentir algo importante: el cansancio y el hambre que ya nos invitaban a retornar al refugio a descansar y prepararnos para el día siguiente. Nos esperaban ellos, Los Saltos del Mocona.

El día siguiente comenzó con sol y esta vez el calor nos hacía sentir que estábamos en un clima subtropical. De todas maneras, nada importaba, la ansiedad era grande y queríamos salir ya, los saltos nos esperaban. Nuevamente todos a la 4x4 para recorrer los 4 kilómetros de selva que nos separaban de este accidente geográfico único en el país, donde el río Uruguay cambia su cause a lo largo de 3000 metros formando los imponentes Saltos del Moconá. Si el camino para llegar al refugio había sido dificultoso, podríamos decir que ahora solo transitábamos sobre una huella de barro colorado y piedras a las cuales no resiste ningún tren delantero bien preparado. Cruzamos el puente sobre el arroyo Yabotí y nuestro conductor anunció que estaba crecido, esto significaba que en caso de lluvia se complicaría el retorno. Nos adentramos en el Parque Provincial Moconá y pronto entre tanta naturaleza llegamos al puesto de Gendarmería. Unos mates, información del clima de los saltos y a seguir viaje... Unos pocos minutos más y la llegada. Allí estaban esperándonos, con todo su caudal, estruendosos, bellos, imponentes y desafiantes. Tan sólo 500 metros metidos en el río Uruguay nos separaban de ellos, que debíamos atravesar a pie entre las piedras. Buen calzado, ropa cómoda, las cámaras y un bastón para tantear el piso, era todo nuestro equipaje. Es increíble imaginar que estábamos caminando dentro del río con el agua por momentos hasta el pecho. Pero este era el último desafió y el mas importante para verlo frente a nosotros. Entre parates, caídas, chapuzones, bromas y risas llegamos. Sí, ahí estaban, ruidosos, rápidos, casi agresivos y desafiantes, pero por sobre todo hermosos; únicos y en este momento nuestros, ya que éramos el único vestigio humano en 500 metros a la redonda. Siempre orientados por nuestro guía, filmamos, fotografiamos nos dimos un baño en una pequeña cascada y luego de casi 1 hora de contemplación comenzamos nuestro acuático retorno. A partir de ahora, con ansias de una suculenta comida que recargará energías. Una vez en el refugio todo era pura anécdota, fotos y risas a la espera del asado que marcaría el final de nuestra estadía en medio de la selva. Queríamos aventura y la tuvimos, queríamos naturaleza y la encontramos y queríamos algo único y estuvimos en Los Saltos del Moconá.

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