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“Con mi bolsito voy a El Bolsón”
Jueves 28 de enero de 2010
Así como fui el último en acostarme, quise ser el primero en levantarme y disfrutar de ese lugar tan mío.
El silencio y la quietud tomaron mate a mi lado, un gato ronroneaba entre mis piernas mientras por la ventana veía al Río Villegas bailar entre las rocas.
Sublime…
Era mi intención también poder sumar algunos relatos que vengo teniendo atrasados pero la repentina aparición de Julia por una de las misteriosas puertas de la hostería espantó a mis musas. Medio despeinada y en bata no se demoró en poner “PLAY” para comenzar a despotricar contra el universo, yo la escuchaba y observaba sereno, cada tanto acotaba algo.
Al ratito se despiertan Silvina y Roberto, mis posibilidades de escribir se disiparon con el humo de uno de sus cigarrillos. Decididamente no era momento de escribir así que destiné la mañana a vivir.
El cielo estaba algo nublado, no había mucho viento pero sí empezó a caer una llovizna finita y molesta. Prepare las monturas de Sudestada antes de vestirme con mi indumentaria de ciclista y ponerme la camiseta de me regalaron los italianos. Apenas parase la llovizna arrancaría con destino a “El Bolsón” que dista unos 55 kms de aquí.
Mientras esperaba que la lluvia cese, charlamos los cuatro en la cocina de todo un poco. Prometí a Julia enviarle unas fotos que saqué de la hostería y de sus bichos. También le sinceré mi gusto por haberla visto. Me despedí de ella con la promesa de regresar más antes que después.
Paró la llovizna y yo empecé a pedalear.
“Sudestada, estas un poco gorda y pesada” preferí pensar antes de creer que estaba subiendo una cuesta.
El paisaje de este recorrido sigue haciendo mella en mi alma. Puedo asegurar que la Belleza existe y se esconde entre los árboles, los ríos y los lagos… hay que disponerse a descubrirla.
Así como el “Cañadón de la Mosca” me hizo alcanzar velocidades olímpicas, el
“Cañadón del Foyel” equilibró el cosmos ajusticiándome con severas cuestas durante largo rato.
En el preciso momento en que estaban por volarse las amalgamas de mis muelas, intenté descifrar desde que punto cardinal provenía el viento. Cerrando la boca alcancé la siguiente conclusión: “mmmnnñññ ññinne ñe nno lnnño” lo que, con la boca abierta, sería algo como “el viento venía de todos lados”.
Los músculos de mis piernas cambiaron los pedales por el empinado asfalto.
Pasadas las horas y los kilómetros llegué a la “Comarca Andina del Paralelo 42º” o sea El Bolsón.
Antes del centro desvié mi rumbo por un camino de ripio durante un kilómetro y medio. Contaba con la invitación de Pedro y Santiago Claviere del “Hostal del Río” un albergue exquisito al pie de las montañas. (www.hostaldelriobolson.com.ar)
Me recibió en el espacio común del hostal Santiago quien con mucho gusto llamó a su padre para presentarnos y brindarme una habitación.
El lugar es muy bonito, todo es nuevo y se encuentra prolijamente cuidado. El parque arbolado que da al río resultó ser muy inspirador para sentarme a escribir luego de la siesta que se quedó con algo de mi sueño.
Luego de subir mis relatos al blog de la travesía, chequeo los mails y me encuentro con que muchos de ellos reclaman las aventuras de este ciclista. Me emocionó y llenó de orgullo ver como mucha gente, que no conozco personalmente, se enganchó con los relatos diarios y “me reclaman” las últimas novedades.
Gracias a la bici… que me ha dado tanto…
Al concluir mis tareas digitales, me acerqué al espacio común del hostal para avisarle a Santiago que sume un plato más a la cena. Cerca de las 22:00 hs comimos unos riquísimos canelones con salsa de hongos cuyo sabor todavía puedo recordar.
Desde la cama de abajo de la cucheta, la noche me hipnotizó por la ventana y me hizo caer en un profundo sueño que duró hasta el día siguiente.
El espacio de los lectores
Leo vos has dado miles de pasos, así que tan sólo piensa que tu meta está cada vez más cerca. "Un viaje de miles de kilómetros empieza con un primer paso" Rabindranath Tagore.
Norberto
¡Qué alegría me da saber que hay mucha gente con la "vena Tuk", lo suficientemente locos como para largar todo, agarrar la bici y disfrutar del alegre canto de la libertad! Pronto estaré surcando nuevamente las rutas y los caminos de este maravilloso país, esta vez hacia el sur. ¿Conocés gente que haya intentado algo parecido a lo que hizo Chris McCandless o Everett Ruess? Quisiera algún día experimentarlo seriamente. Abrazos, y tal vez algún día crucemos caminos por allá, en la libertad.
La Ferrobici
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Leo Aragües
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