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“De acá no se va nadie”
Martes 26 de enero de 2010
El ruido que hizo el primero en levantarse despertó al segundo y así sucesivamente…
Mientras desayunábamos se llevó a cabo una reunión cumbre y decisiva de la comitiva europea. Durante un rato presencié silencioso sus discusiones acaloradas por momentos, el veredicto final me lo dijeron en castellano: “Nos quedamos en Bariloche”
¡Que buena noticia! Obviamente decidí quedarme yo también un día más extendiendo nuestro encuentro y prolongando mis vacaciones dentro del viaje.
Renovamos el contrato de locación con el camping y nos dispusimos a comenzar la jornada contentos entre café, galletas, risas y mates.
En Bariloche vive mi amigo Bruno Treu con su esposa Euge y Martina que todavía no sale de la panza. Hace muchos años que no los veo, así que nos pusimos en contacto. Bruno sacó de la galera un inesperado asado de martes; imposible negarme.
Le avisé a los tanos que volvía después del almuerzo, “¡No me extrañen!” les grité desde el auto de Bruno. Pregunté a los chicos si podíamos pasar por la oficina central de correo para retirar el DNI antes de ir a la casa de los padres de Bruno a almorzar. Con gusto me alcanzaron hasta el lugar.
Ya me esperaba alguna complicación o problema de último momento, pero no. Solicité el sobre a mi nombre, pagué unos pocos pesos por el servicio y ya me encontraba documentado nuevamente.
En la casa de los padres de Bruno llevamos a cabo la ceremonia del asado familiar, estábamos todos en la mesa, desde una nena en panza que pateaba, un ciclisa medio loco que venía bajando del norte hasta “Pulqui”, el perro.
Almorzamos relajados, charlamos de todo un poco y conté algunas anécdotas del viaje. Hasta el momento la historia de la cabrita blanca que me perseguía se lleva todos los aplausos ya que combina sorpresa, humor, ternura y tragedia. Cada nueva vez que la cuento parece ser más atractiva.
Después del café, nos despedimos de la familia de Bruno y volvimos los tres, mejor dicho los tres y media, hacia el centro donde se encuentra la casa de ellos. Euge tenía gimnasia para embarazadas así que nos despedimos y se fueron las dos no´ más. Con Bruno nos quedamos charlando un ratito más, luego me alcanzó hasta el camping donde nos despedimos deseosos de poder encontrarnos en breve.
Algunos de mis compañeros del pedal estaban ociosos ó en la pileta, ó durmiendo.
Me llamó más el agua así que agarré mis ojotas, mi baldecito y mi palita para salir corriendo hacia el natatorio; el salvavidas de patito en mi cintura hizo que me tropezara un par de veces antes de llegar al borde de la piscina.
Luego de la recreativa tarde y despertados los somnolientos, nos pusimos a considerar los detalles para la entrega de la combi. Según el dato que a ellos les habían brindado, debían entregar el vehículo en una oficina de alquiler de vehículos en el centro de la ciudad a las 20:00 hs. Todavía faltaba un rato pero ellos prefieren llegar antes que tarde. Giuliano, Gianni y Simone se fueron para allá. Nosotros nos quedamos charlando y curioseando cosas en Internet.
Al rato vuelven Gianni y Simone… en la combi, Giuliano se había quedado en la oficina del centro. Algo pasó. Resultó ser que en ese lugar no tenían ni idea de ellos ni de la combi ni de la entrega ni de nada, para colmo los trataron muy mal. El vehículo fue alquilado en San Juan a una empresa de Mendoza y debía entregarse en Río Negro, toda una ensalada interprovincial. Simone me pidió si podía ir con él para intentar comprender mejor el asunto y recoger a su papá.
“Andiamo!”.
Llegamos al centro y Giuliano ya había roto temperamentalmente la escasa relación con la gente de la oficina, solo nos quedaba de referencia un número de teléfono de alguien en Mendoza. Giuliano estaba furioso, no podía entender tanta desorganización y falta de respeto. Desde mis adentros me sentí indirectamente avergonzado, para nosotros los argentinos lamentablemente estas desprolijidades son cosa de todos los días…
Llegamos al camping y desde la cabina telefónica que ahí se encuentra llamamos a Mendoza. Simone quería que hable yo pero lo convencí para que lo haga él, yo estaba a su lado oficiando de guionista y traductor.
El asunto se resolvió una hora más tarde cuando apareció en el camping un fulano con las copias del contrato y los cupones de la tarjeta de crédito de Giuliano quien furioso le dijo de todo al pobre tipo este.
La noche anterior yo les había cocinado un asado bien argentino, hoy les tocaba a ellos devolver la gentileza gastronómica. Menú indiscutido: pastas a la italiana.
Riquísimas, hechas con un condimento secreto: el afecto.
Esta si sería nuestra última cena juntos. Contentos reímos y brindamos hasta tarde sincerando la mutua felicidad que encontramos al compartir tanto.
Parecía como que nadie quería que el día finalizase.
El espacio de los lectores
Leo querido te estuvimos llamando varios ayer domingo desde el bar y antes tambien. no pudimos contactarte. bue, no importa igual sabes que a la distancia te seguimos cada pedaleada y nosotros sabemos que estas bien y no vas a aflojar. capaz que la semana que viene salimos con el mati hacia donde empezaste tu viaje y ojala que un poquito mas (pero en bici ni mamado) voy a seguir llamando, en algun momento nos vamos a poder comunicar. abrazo grande
El Manu
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