Un destino con forma de ruta

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“Adiós…”

Miércoles 27 de enero de 2010

“Adiós…”

Comienzo mi día callado y serio. Los italianos se fueron despertando lentamente uno a uno.

 

Hoy cada cual continuaría con su viaje. Algunos partirían en micro hacia el Bolsón, otros se quedarían en el camping y yo retomaría mi solitaria senda hacia el sur.

 

Sereno, hice todo el equipaje como sin ganas de partir. Gianni me sirvió el café como cada mañana mientras Gigi montaba guardia con su cámara registrando algunos de mis movimientos. Giuliano, Simone, Andrea y Luca me observaban callados.

 

Con Sudestada cargada había llegado el momento de decirles adiós.

 

En silencio, prolongué lo más que pude cada uno de los abrazos que les dí a los cinco. No hubo mucho más que decir, nuestros ojos enjugados hablaron por si solos.

 

Dí la primer pedaleada y decidí no mirar atrás.

 

Eran las 8:30 hs aproximadamente cuando a la entrada de tierra le toco brindarse en bajada. Llegué al asfalto y sentí que  había dejado algo en el camping… había dejado cinco grandes amigos.

 

“Adiós…”

La mañana estaba fresca, mi mirada se perdía en ese horizonte que porfiaba con su actitud inalcanzable.

 

La salida de Bariloche me hizo sudar la gota gorda, empinadas cuestas, yo diría antirreglamentarias, casi acaban conmigo.

 

Alcancé la ruta y otra vez me encontré en ese lugar que ya había transitado antes: el camino en soledad.

 

Los primeros kilómetros se hicieron sosos,… los segundos y terceros también…

 

Atravesé varios cursos de agua y algunos lagos, el paisaje creo que era hermoso…

 

Unas pocas cuestas probaron mi temperamento una vez más, superadas éstas me encontré con el “Cañadón de la Mosca”, una sucesión de bajadas increíbles. Recordaba el lugar por eso mismo, la velocidad que alcanza una bicicleta es impensable.

 

El itinerario del día me haría recorrer 72 kms en un lapso de cuatro horas hasta llegar a “Río Villegas”, un pueblito que supe conocer la vez anterior.

 

En Río Villegas, pasando el puesto de Guardaparques, se encuentra Julia, la señora encargada de una hostería del año 1941 construida en madera que hoy cruje y un mobiliario detenido en el tiempo.

 

Temía no recordar los rasgos de Julia pero apenas la vi la reconocí. Ella no se acordaba de mí, aunque la hostería no este completamente en regla ni muy difundida, es mucha la gente que se hospeda en el lugar.

 

Es un lugar envuelto en montañas que me inspira, en el que me gusta estar, al que he pensado regresar en algún momento para retirarme, escuchar música, leer o simplemente pensar escuchando el sonido que hace el agua del río sobre las piedras. Es uno de esos lugares en el cual se genera una conexión invisible tan individual como inexplicable. No agregaría ni sacaría nada de allí, tampoco acomodaría las cosas que Julia deja desparramadas fuera de la casa, tampoco correría a los nueve gatos que le hacen compañía y mucho menos a los cuatro perros que tiene.

 

Julia esta igual que hace nueve años atrás, solo que un poco más teñida. Por ser medio ermitaña no deja de ser coqueta. Seguramente ella no lo recuerda pero me habló de las mismas cosas que aquella vez: de las discusiones con el guardaparques porque no le deja poner carteles en la ruta, de lo mucho que cuesta el gas envasado, de que hace tiempo vienen luchando por la instalación de telefonía fija, de que sus patrones la tienen olvidada y otros tantos reniegues más. Julia no es muy simpática que digamos y halar con ella tampoco es la tarea más fácil a la que me haya encomendado, sin embargo, no se porque, la aprecio mucho.

 

Me dí un baño que disfruté como si hubiesen sido cinco. Reconfortado, preparé unos mates a la orilla del río que atraviesa el jardín de la hostería. El silencio me ensordecía, para que negarlo: extrañaba las voces, gritos y risas de mis amigos italianos.

 

Después de la siesta me dediqué a escribir. Me senté en lo que alguna vez fue el living de la hostería, la luz natural que entraba por los ventanales fue suficiente para iluminar mis recuerdos.

 

Compenetrado escribí cerca de tres horas, cada tanto me paraba a estirar el cuerpo o calentar agua para renovar los mates que acompañaban a la riquísima tartita casera que preparó Julia.

 

“Adiós…”

Antes de darme cuenta, las sombras del ocaso cubrieron el cielo de Río Villegas y creo que también el de varias localidades alrededor.

 

Una pareja que venía de Viedma estaba instalada en una de las habitaciones contiguas a la mía, no había nadie más en la hostería. Silvina y Roberto prepararon unos ravioles para la cena que supieron compartirme. Julia había desaparecido sin que nos demos cuenta por alguna de las misteriosas puertas de la hostería que conducen quien sabe a donde.

 

Luego hizo lo propio Silvina, luego Roberto… yo disfruté un ratito más los abrazos, secretos y misterios del lugar.

El espacio de los lectores

hola leo!! que linda travesía estás haciendo y cuantos lugares recorridos!! aca con la tuti te mandamos un fuerte abrazo para que te acompañe en el resto del viaje..

fabri-tuti

Hola, confieso que el prolongado silencio de los dias que no escribiste, me hizo dudar, ya estaba pensando que quizas la soledad había logrado un abrupto fin del viaje, pero veo afortunadamente que estaba totalmente equivocado!!!. por más que suene repetido y facil de decir, ahora que seguis solo con Sudestada, no te olvides que tenes la compañía de cada uno de los que apasionadamente seguimos te aventura!!!!!!!!!. buenos caminos!!!! un abrazo!!

Dalco

Hola Leo, recién hoy me entero del hermoso viaje que estas haciendo con la poderosa, y desde hace rato deje de trabajar para meterme de lleno en tus relatos, que son tan vivos!!! Hasta que finalmente llegue hasta aquí y decí que era el momento de escribirte aunque sea estas dos lineas. De julia no me acuerdo, pero si de la casa de terror!!! Que divertida noche que pasamos allí hace 9 años (q no se malinterprete), bueno te quiero mandar mucha fuerza desde aquí y felicitarte por cumplir tus sueños, que son los de muchos. Abrazo grande y cuidate!! Dinovo (Diego )

dinovo

realmente , un excelente viaje, pronto haremos bariloche esquel con un amigo y toda esta info es crucial, gracias. ademas tenemos el sueño de hacer esquel - calafate por la 40...esperemos lograrlo.... mas adelante..... un abrazo.

Cristian I.

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