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“¡Hola Mendoza!”
Lunes 11 de enero de 2010
El pernocte no se me ofrendó sereno. A los ruidos de la noche y al baño satánico debí sumarle una tortura más: el fatídico sonido de ¡shhhhhhhhhhh! (rueda pinchada). Intentaría darle solución al asunto cuando me despierte en la mañana.
Me levanté un rato antes de que sonara la alarma. Guardé todo en las alforjas y me dispuse a recambiar otra vez el neumático pinchado; de paso emparché el de repuesto para no tener que hacerlo a la vera de la ruta en caso de pinchar nuevamente. Entre tanto sacar y poner la rueda (no siempre de la manera indicada) los cambios de velocidades y los frenos empezaron a quejarse de los maltratos disminuyendo su rendimiento.
Habiendo realizado todo, salí del hospedaje Nº 1 de Villa Media Agua sin tener a quien despedir, serían las ocho de la mañana aproximadamente.
Encontré la motivación del día en que, camino a Mendoza, se cumplirían las primeras cien horas arriba de la bicicleta (este dato me lo brinda el instrumental de mediciones de la computadora de la bici).
Esperaba con ansias llegar a Mendoza ya que es una provincia que me encantó desde el primer momento que la conocí. Tiene todo lo que a mi me gusta, desde el paisaje, la gente que es muy amable y las actividades que se pueden realizar gracias a las bondades de su geografía. He venido muchas veces a Mendoza a recorrer y también a esquiar en invierno. Tanto me gusta que hasta casi me vengo a vivir, allá por el año 2003 cuando registre mi título de docente en la dirección general de escuelas de Mendoza.
“Guau, cien horas…más de cuatro días consecutivos…” pensaba mientras aguardaba en el interminable 99:59 que indicaba el instrumental.
Llegaron las cien primeras horas de travesía que celebré austeramente bajo la sombra de un árbol, al costado de mi Ruta 40, creando un breve video.
Como en muchas otras celebraciones, en la mía también hubo reventón de piñata, … una piñata con forma de cámara de bicicleta.
“Santos cielos Batman, algo sigue mal” Entendí que la nada, NADA soluciona, supe al instante que debería llevar a Sudestada a realizar un exhaustivo chequeo al llegar a Mendoza, esto de esperar a que las cosas se pasen solas únicamente me da resultado con los raspones que suelo hacerme en los codos.
Estas pinchaBLANDAS dejaron de ser para mí una cuestión de fe; le daré lugar a la ciencia.
Al llegar al límite con la provincia de San Juan saqué muchas fotos en un nuevísimo y característico cartel de la Ruta Nacional 40 tramo Mendoza. Mi entusiasmo se veía opacado por el tema de las ruedas, mi alegría era directamente proporcional a la cantidad de aire de los neumáticos.
El calor comenzó a traspasar la piel y los músculos hasta llegar a recalcitrarme los huesos. “Allá el calor no es como en Rosario, … allá es más seco, … no se siente tanto…” me habían pronosticado muchos de mis amigos antes de la partida. Seco ó húmedo, el calor es CALIENTE igual muchachos!!!
Mientras recambiaba una vez más la cámara delantera, decidí probar otra alternativa de solución y colocarle la cubierta que llevo de repuesto que es de excelente calidad. Veremos si con esto basta. En pleno trámite una camioneta blanca muy moderna y cargada hasta los estribos me pasa, frena, da media vuelta y viene a mi encuentro. De ella se baja un simpático hombre un par de años mayor que yo, quien me preguntó si necesitaba ayuda. “Muchas gracias, le cambio la cubierta y ya está” le dije mientras me contaba de donde venía y cuales fueron los pensamientos que compartieron junto a su esposa al verme tirado al costado del camino.
Pinchar las ruedas ya no era novedad para mí y creo que para Ud., amigo lector tampoco lo es.
Lo que si fue novedad para la provincia de Mendoza fue el calor récord que estaba haciendo ese lunes al que yo le estaba dando batalla con lo que tenía: un ánimo decaído, agotamiento físico y mental y 4 cámaras de bicicleta pinchadas. A las claras, queda de manifiesto el resultado del desigual combate.
Comencé a pedalear tramos más cortos y breves sumando más tiempo a mi recuperación. Ya no faltaba tanto pero la fatiga multiplica las distancias.
Cuando sentí nuevamente baja la rueda trasera me dí por vencido, ya no tenía repuestos en condiciones ni ganas de emparchar. “Hasta acá llegué, no puedo más” sentencié junto a la idea de hacer dedo. Me encontraba a 20 kms de la ciudad de Mendoza.
Puse la bicicleta medio de costado para que se vea el equipaje y se entienda que era un viajero necesitado pero… nada. Nadie se detuvo. Probé suerte desparramando a la pobre Sudestada en el suelo a ver si funcionaba la técnica del desperfecto mecánico pero… nada.
“¿Dónde están ahora todas esas personas que me saludaban alegremente y me tocaban bocina?”
“¿¡Será posible que nadie se detenga!?
Como puede ser que andando soy un legendario y aventurero deportista aguerrido pero tirado en la ruta soy un hippie miserable y roñoso que no tiene ni aire para sus ruedas.
Pero si yo soy el mismo … “¿cuál es el inconveniente?”
Creo que algunas personas solo se sientan a la mesa del campeón.
Recobré mi tenacidad e inflé la rueda trasera decidido a pedalear hasta que se desinfle de nuevo para inflarla otra vez y así. No estaba lejos, tenía que llegar. Esta idea duro solo una inflada ya que la siguiente vez que intenté darle aire, éste se escapaba por todos lados.
“Ya fue. Me voy caminando” me encontraba a 15 kms de la ciudad.
Con un promedio de caminata a un ritmo de 5 km/h llegaría en apenas….. tres horas, ya al anochecer.
Había recorrido cerca de 3 kms cuando una imponente camioneta negra de caja trasera abierta se acerca por la banquina lentamente hacia mí. Le hago señas para que me lleve y se detiene. “¡Vamos!” me dijo el conductor sin preguntarme nada. “Subila atrás que están mis hijos, ellos te van a ayudar” Los niños abrieron el portón de la caja de la camioneta y me asistieron para subir a la rechoncha y renga Sudestada. Fue un momento de alivio para mí.
Esta buena gente me alcanzó unos 10 kms hasta el barrio de “LAS HERAS”, antes de la ciudad de Mendoza, ya que ellos hasta ahí llegaban. Al bajar la bicicleta, el chofer de la gran camioneta le indica a una de las personas que, sentada frente a un kiosco veía el pasto crecer, me lleve hasta la ciudad. Este señor resultó ser Armando, un transportista jubilado que se la rebuscaba como “remisero” con su R 12. Dispuesto y servicial se manifestó Armando al subir la bici al auto sin saber mucho como entraría tan cargada ya que en el baúl del auto se encontraba el tanque de GNC.
Entrar como decir “ENTRAR” la pobre bicicleta no entró, solo se acomodó para no caerse del baúl.
Mientras Armando renegaba de su barrio Las Heras de lo inseguro que se había vuelto con los años, yo hacía silencio con el que parecía escucharlo mientras me tranquilizaba al ver la ciudad.
En determinado momento le sugiero a Armando que se detenga en una estación de servicios así compro un agua para refrescarme. Le consulté si el necesitaba algo y me dijo que no. Aposté todas mis pertenencias que quedaron en el auto al bajarme y entrar al mini mercado.
“¡Mira si este Armando se raja con todo lo mío!” tuve la obligación de pensar.
Cuando salí del comercio, el auto no estaba en el lugar donde yo me había bajado, Armando lo había corrido unos metros para dejarlo bajo la sombra.
“Vamos Armando viejo y querido” pensé dándole alto crédito a su fidelidad.
Llegamos a la ciudad en breves minutos y me puse en contacto con Mario, un ciclista miembro del Club del Acampante que se había puesto en contacto conmigo a través de la página de la travesía y me había indicado que apenas llegue lo llame. Como no tenía crédito en mi celular, Armando desenfunda el suyo y me lo presta “Que grande Armando” le dije esta vez en voz alta “Lo tuyo es un servicio Premium, sos un groso”
Cuando hablé con Mario, se encontraba atendiendo asuntos de su familia así que no podría venir a mi encuentro en lo inmediato.
Cansado, agobiado por el calor y por las circunstancias, le propuse a Armando que me arrime hasta el primer hospedaje que encontremos acorde a mis exigencias. Puso la primera marcha y encaró por avenida San Martín hasta la altura del 1900 (ahí en plena Alameda) donde en el hostel de Gustavo encontré mi posta.
Me despedí de don Armando quien no me quería cobrar, le insistí y me propuso que le diera lo que a mi me parezca. Lo que recibí de él jamás encontraría su par monetario. Le obsequié unos stickers de la travesía y me prometió que su hija me escribiría ya que él no tiene onda con la computadora.
Gustavo me recibió gentilmente y me hizo acomodar la bicicleta dentro del lugar.
La habitación comunitaria que pauté, estaba por completo a mi disposición.
Me bañé, lavé mi indumentaria de ciclista y me propuse salir en busca de un nuevo par de ojotas ya que, en el trajín de la jornada, perdí una de las que me había comprado en Santa María.
Mi búsqueda no dio los frutos esperados, no encontré nada por la zona.
Mientras regresaba al hostel recibo un mensaje de texto de Mario quien se encontraba en la puerta del mismo esperando por mí. Aceleré mis pasos de polvorientas zapatillas para ir a su encuentro.
Nos saludamos y quedamos en ir a picar algo a eso de las 21:30 hs ya que él estaba terminando con sus obligaciones familiares. Perfecto.
Hice un poco de tiempo en el hostel mientras esperaba la hora acordada con Mario cuando suena mi teléfono celular. Era Marcelo Mogueta, periodista de LT8 – Rosario, quien me entrevistara antes de comenzar la travesía. Me preguntó si podía salir al aire a eso de las 22:30 hs. ya que tenía intenciones de entrevistarme nuevamente. “Pero sí Marcelo, contá conmigo” le dije.
Llegó Mario al hostel y salimos a picar algo sobre la peatonal. Previamente me había indicado la tienda y taller de bicicletas donde llevaría a Sudestada en la mañana siguiente.
Mientras cenamos, dialogué con Marcelo Mogueta por teléfono, saliendo en vivo por el aire de la radio rosarina.
Promesa de asado mediante, Mario me alcanzó en su coche hasta el hostel donde encontré un profundo descanso en la cama de abajo de la cucheta que estaba pegada al baño.
Como no tenía que pedalear al día siguiente, mis pensamientos también pudieron renovarse y fundirse en el reposo.
El espacio de los lectores
HOLA LOCO !!!!! BUENO ES UNA ALEGRIA PODER CONTACTARME CON VOS, YA PASASTE POR LA CIUDAD DE MENDOZA, DONDE ME ESNCUENTRO EN ESTOS MOMENTOS, TENIA MUCHAS GANAS DE CONOSERTE Y HACERTE UNA NOTA !!!! BUENO YA SERA EL MOMENTO !!!! TE CUENTO QUE EL 1 DE FEBRERO SALGO PARA USHUAIA Y SEGURO QUE NOS VAMOS A VER EN EL CAMINO, TE ESTOY LLAMANDO MUY PRONTO !!!!! FUERZA HERMANO Y NO LE AFLOJE !!!! SALUDOS FEDE Y ANA !!!!!!
FEDERICO
Qué bueno que te encontraste con Mario en Mendoza. El proyectó viajar hacia Baires, pero posterior al encuento con vos. Así que ya liberado, seguro estará por estos lados dentro de poco. Muy buena sigue siendo la descripciòn de los lugares que tenés oportunidad de conocer o pernoctar. Un saludo y fuerzas
Norberto
lLEO q pena no habeer sabido q te entrevistaban nuevamente y asi gravar la charla . la proxima si podes hacelo q el casette (si es eso ) tiene lugar ja ja ja
marta
re zarpado yo lo estuve escuchando
daniela
jajaj son buenísimas las frases que usas y la forma de relatar la travesía: Esta frase es destacable! "Como puede ser que andando soy un legendario y aventurero deportista aguerrido pero tirado en la ruta soy un hippie miserable y roñoso que no tiene ni aire para sus ruedas." Aprovecho de escribir algo mas ya que siempre lo pensé pero por algo me quede en el intento… Gracias Leo por el relato, tu aventura fue admirable, si bien estoy por llegar a la mitad de los relatos, me imagino cada cosa que contas y me escapo mentalmente del laburo. Te acompaño en el sentimiento de libertad que te da la bici y espero algún día hacer algún viaje de fin de semana o pocos días al menos, solo falta animarse… Un abrazo! Y como decia antes genial el relato!!!! Martin.
Martin
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