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“Con los italianos comienza otro viaje”
Sábado 23 de enero de 2010
La mañana estaba fresca. Por primera vez tuve que ponerme temprano mi abrigada campera “Northland”.
El camping del automóvil club esta repleto de altísimos y frondosos árboles que impiden que llegue la luz y el calor del sol, por eso el fresco.
Todo el camping se mantenía en silencio mientras yo preparaba sin apuro mis mates de la mañana. Hoy comenzaría el camino de los lagos, recorrido que supe hacer en bicicleta también hace cosa de ocho o nueve años atrás. La diferencia sería que aquella vez me tomé veintidós días para recorrer y pasear, esta vuelta tenía destinado al trayecto apenas dos días.
Se suma a mi desayuno el mentor del asado de anoche, de quien no recuerdo su nombre. Dialogamos de nuestras vidas, sueños, anhelos y experiencias, fue una charla muy cordial y enriquecedora para ambos. Él es estudiante de derecho en Buenos Aires, su lado sensible lo encuentra en la fotografía análoga blanco y negro. Como yo también soy amante de la fotografía y conozco los métodos de revelado y positivado de este tipo de fotos, pudimos estrechar nuestro diálogo en un punto pasional común.
El buen diálogo postergó mi arranque hacia los lagos por la Ruta Nacional 234 pero valió la pena.
Eran las 11:00 hs de un soleado y fresco sábado de enero cuando emprendí camino entre las circuladas calles de San Martín de los Andes rumbo a mi destino, … un destino con forma de ruta.
Mientras atravieso en centro de la ciudad con intención de alcanzar el lago Lacar y comenzar la cuesta que lo circunda, dirijo de casualidad mi mirada hacia la vereda y veo que un viajero en bicicleta que estaba parado me saluda entusiasmado. “Adiós amigo” le revoleé sin detenerme ni prestarle mayor atención.
El primer tramo del trayecto es una pronunciada cuesta que se extiende más de lo que yo quisiera. El paisaje es tan hermoso que me recuerda a las imágenes de esos calendarios que reparten los comercios antes de cada fin de año, solo que esto es en vivo y en directo: una maravilla. Desde la bicicleta todo se percibe distinto, el aire sano parece entrar mejor a mi cuerpo, los sonidos conmueven hasta el alma y a veces no me alcanzan los ojos para ver tanto. Mi esfuerzo se justifica en cada nuevo metro avanzado, podría pedalear todo el día cuesta arriba con este entorno (no exagero).
El camino me hizo entrar en calor rápidamente así que tuve que sacarme mi camiseta de mangas largas que llevaba debajo de la camiseta que me regalasen los italianos ciclistas que crucé rumbo a Chorriaca.
A la primer hora cumplida de pedaleo me detengo sobre la margen izquierda de la ruta donde apoyo la bicicleta en una señal de tránsito y con urgencia me dispongo a eliminar mis residuos orgánicos líquidos con extrema precaución y velocidad para no ser sorprendido. Casi antes de finalizar el ritual veo que me alcanza un ciclista equipado hasta las orejas, lo saludo con una mano, la otra estaba todavía ocupada. El ciclista espera que termine con mi asunto y comenzamos a pedalear juntos. Él es Javier, un madrileño que esta recorriendo Chile y Argentina. Fue él quien me saludó entusiasmado desde la vereda en el centro de San Martín. ¡Que casualidad!
Emprendimos el recorrido alegremente el uno con la compañía del otro. Me da entre gusto y gracia escucharlo hablar con su acento, pronunciación y uso de determinadas palabras, a veces trato de imitarlo y le respondo emulando su tono. Nos encontramos con varios miradores exquisitos donde sacamos fotos y nos hidratamos.
Javier posee una bicicleta norteamericana marca “Cannondale” que me volvió más loco de lo que estoy. Es un modelo destinado al turismo, posee muchos y buenos accesorios para tal fin y un sistema de cambio de velocidades nunca antes visto por mí. Se trata de un sistema alemán denominado “rohloff” que consta de una sola corona y un solo piñón, en la maza trasera se encuentran los engranajes que combinan las 18 diferentes velocidades. Una maravilla de la técnica aplicada al ciclismo. También el sistema de suspensión delantero es muy curioso ya que posee un solo amortiguador en la continuación de la pipa del cuadro, la cual es posible activar o bloquear con una manilla.
Javier trabaja para una compañía española que fabrica aviones, entre ellos el AIRBUS. Ha viajado en bicicleta por todo el mundo y conoce lugares que jamás había escuchado nombrar antes. Parece ser una persona que sabe mucho de todo, sus comentarios son correctamente enunciados y describen en detalle los pormenores de cada tema que abordamos. Es una persona solitaria y poca cuenta le da a mis comentarios y aportes a la charla. A lo largo de los kilómetros deduzco que él está en su propio mundo sin importarle mucho el resto. La compañía de esta jornada se presentaba de esta manera así que la tomé como vino.
Me sorprendí al ver su austera cámara de fotos a rollo de 35 mm; un europeo de primer mundo recorriendo otros países con una camarita de bolsillo me resultaba extraño. Le pregunté por que no usaba una digital y me contestó que él perdía las cámaras de fotos en cada viaje así que no quería preocuparse por una cámara más valiosa,… en fin… cada loco con su tema. En un mirador le pregunto si quería que le sacase una foto de él con el paisaje de fondo y me contestó: “Pa´ que quiero una foto mía, si me quiero ver pa´ eso tengo el espejo” Su contestación me bastó para identificar algo de su personalidad. Desde ese momento le presté menos atención.
Luego de una hermosísima cascada nos detuvimos a almorzar e hicimos una “bocata” con salame y pan, sería una especie de picada para nosotros los argentinos. Nuestro almuerzo lo compartimos con un aguilucho que se estaba dando una panzada de liebre “al asfalto”.
Luego de 49 kms llegamos a la entrada del Camping que da al Lago Falkner: un lugar de ensueño.
Registramos nuestro ingreso y solicité que nos ubiquen del lado “familiar” ya que en el lado “juvenil”, recuerdo, los fogones se extienden hasta entrada la noche. Encontramos un lugar muy bonito a la sombra de un frondoso árbol y con el lago a escasos veinte metros de nuestras tiendas.
Cuando termino de armar mi campamento escucho: “¡Leo!”, levanto la vista y descubro a los italianos ciclistas.
¡Que sorpresa tan grande! Que casualidad también porque ese fue el primer día que utilicé la camiseta que me regalaron. Caprichos del destino…
Contentos y efusivos nos abrazamos y me invitaron a compartir su merienda de pizza y cerveza. Javier se acercó pero no entró en confianza con ellos, apenas los saludó y se fue a bañar.
Con los italianos Gianni, Giuliano, Gigi, Andrea, Luca, y Simone comenzaría otro viaje.
Quedamos en compartir el asado de la cena: perfecto.
Intenté escribir un poco pero el sueño me estaba ganando la batalla por el título de permanecer despierto. Fui con una de mis toallitas enjabonadas y me higienicé en las frías aguas del Falkner. Perdido el combate por KO, me acosté a la siesta.
Cuando me despierto preparo mates y cruzo algunas distantes palabras con Javier, le pregunto si se enganchaba en la cena con los italianos y me responde que no, que se iría a dormir temprano sin cenar. Ok, allá tú.
Los italianos son de cenar temprano, tipo 20:00 hs cuando todavía hay claridad, más que cena sería una merienda retardada. Ningún problema para mí.
Se acerca Giuliano y me dice que ya estaba todo listo para cenar, que no llevara nada porque ellos contaban con todo. Me acerco al espacio que ocupaban ellos y obviamente se encontraban del lado juvenil donde hay siempre fiesta. Estos tanos son muy festivos y andan riendo a los gritos permanentemente. Me encanta.
Antes de acomodarnos en la mesa, brindábamos con un botellón cortado de cinco litros lleno de sangría que pasaba de mano en mano.
Luiggi (Gigi), el fotógrafo, entra a su carpa y saca otra remera de su agrupación para regalarme. Me la pongo y comienza a disparar con su gran cámara.
Luca, que es el menor de todos, algo tímido me regala sus guantes de ciclista, parecía que era mi cumpleaños, de fiesta, con comida, bebida y regalos. La generosidad y el afecto del grupo no solo se manifestó con los obsequios, ellos abrieron su confianza y sus corazones para darle paso a mi persona. Valoraban muchísimo mi travesía, las ganas y el esfuerzo que implica unir en bicicleta un país tan largo como Argentina.
Gianni preparó una carne asada rellena que estaba espectacular.
Hablamos y reímos todos juntos celebrando la vida misma como una gran familia. Entre la charla coordinamos la salida de mañana, Simone organizó la movida: iríamos todos juntos en las bicicletas rumbo a Villa La Angostura, Gianni conduciría la combi con todo el equipaje (incluido el mío), buenísimo.
Después de la cena comenzamos a buscar leña para preparar un fogón a orilla del lago. El tinto, la sangría y el fernet nos hermanó con quienes de a poco se sumaban a la ronda. Las musas etílicas encendieron aún más nuestras llamas internas.
Andrea encontró otra musa en una doncella con quien charló hasta perderse junto a ella en el infinito (o en una carpa de por ahí).
Me retiré de la ronda lo más tarde que mi cuerpo me permitió. Despedí a los italianos y me fui a dormir abrigadito con el calor que dejó el fuego en mi cuerpo y el afecto en mi corazón.
El espacio de los lectores
leo, seguí escribiendo que está bueno. hoy es un día nublado en Rosario, gracias a Dios, bajo un poco la temperatura. che.., el 2/2 es mi cumple y el viernes nos juntamos con los chicos, seguro que te vamos a llamar. saludos seba y vicky
Sebastián y Vir
HOLA! ME LLAMO ERNESTO, DE 40 AÑOS,SOY BONAERENSE E ITALO-ARGENTINO... CONOCÌ 7 LAGOS HACE MÀS DE 2 AÑOS (27 NOV. A 05 DE DICIEMBRE DE 2007) LEYENDO TU EXPERIENCIA DESEARÌA YO TAMBIÈN RECORRERLO DESDE S.MARTÌN DE LOS ANDES POR EL LAGO LÀCAR; HASTA LA ANGOSTURA... ¡¡OJALÀ PUEDA ENCONTRAR VARIOS ITALIANOS COMO TE SUCEDIÒ A VOS,ELLOS SUELEN SER ASÌ CÒMO VOS LOS DESCRIBISTE ¡COPADO TU RELATO! ESPERO SE REPITA SIEMPRE,SALUDOS! ERNESTO
ERNESTO
Leo . soy de San Nicolás , tengo 50 años , ayer 29/01 ) , por casualidad , me encontré con tu blog y no pude parar de leer tu travesía , yo estuve en un montón de localidades que vos citás por lo que el relato se hace muicho más vívido . Al momento de esbribir estas líneas ( 30/01) , vaya a saber por donde andás . Seguiré atentamente este viaje ( como si yo estuviera pedaleando al lado tuyo ) ...te deseo la mejor de las suertes y que llegues a destino como lo planificaste . Un abrazo Pedro
pedro roberto alpan
Que bueno que deben ser los próximos días. Y a disfrutar sin equipaje, sudestada al desnudo, como vino al mundo. Que siga todo bien y esperando con ansias los próximos relatos. Como siempre cuidate y seguí disfrutando tu aventura. hc
Horacio Cirigliano
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