Un destino con forma de ruta

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“Día de cuidad y reparaciones”

Martes 12 de enero de 2010

“Día de cuidad y reparaciones”

Me había puesto la alarma del despertador para levantarme a las 8:00 y estar en la bicicletería que Mario me había indicado a las 9:00 en punto, horario en que abría el negocio.

 

Gustavo ya tenía listo mi desayuno con bizcochos y tortillas (una especie de torta frita bizcochada que me caen muy pesadas… pero que ricas son!)

 

Compartimos la mesa de la mañana con una pareja de suizos que estaban recorriendo toda Latinoamérica. Al escucharlos en su obtuso español pude darme cuenta de la calidad del país en el que viven por las cosas que compartían con nosotros.

 

Besito en la frente para los suizos y con bici en mano detuve al primer taxi que pasó entre las rotas calles mendocinas que están siendo refaccionadas.

 

Al llegar a la tienda de bicicletas, descubro que el lugar es inmenso y además de taller poseen gran cantidad de accesorios, indumentaria y repuestos. Creo que ha de ser la mayor tienda de bicis en Mendoza, al menos en Rosario no hay de este estilo. Parecía un supermercado de la bicicleta.

 

Salió a mi encuentro Gustavo, empleado del lugar a quien le describí el panorama. Él se ocupó de hablar con el personal del taller de reparaciones quienes se comprometieron en tenerme la bicicleta lista para última hora.

 

Buenísimo, pasaría el día actualizando mis relatos, al día siguiente podría seguir con mi travesía.

 

Regresé a pie, en el camino me compré un par de relucientes ojotas blancas que me las traje puestas. Mi andar volvió a ser fresco y aireado.

 

Escribí, tomé mates y crucé palabras en inglés con un par de chicas norteamericanas que estaban cocinando algo muy elaborado en la cocina del hostel.

 

Me merecía la distendida y fresca jornada que estaba llevando adelante, luego de haber padecido tantas vicisitudes y tanto calor.

 

Propuse regalarme una siesta en mi solitaria habitación comunitaria. Mientras estaba por quedarme dormido irrumpen al dormitorio dos uruguayos motociclistas que se antepusieron a mi idea. Iban, venían, se preguntaban obviedades y a los gritos se peleaban por ver quien entraría primero al baño. Parecían dos niños en cuerpo de gordos cincuentones.

 

No tuve más opción que comenzar a charlar con ellos. Me contaban que estaban realizando el viaje de sus vidas, un sueño soñado de años se les estaba haciendo realidad. Sus motos no eran gran cosa, sus equipos eran improvisados pero poseían una energía y un empuje que minimizaba todo el resto.

 

Eran dos simpáticos personajes en busca de aventuras y paisaje montañoso ya que en Uruguay ellos no poseen montañas. Su objetivo era cruzar la cordillera. Seguramente lo habrán logrado.

 

Entre una cosa y la otra se hizo la hora de ir a buscar la bicicleta. Cuando llegué al lugar estaba repleto de gente comprando y consultando. Lo distingo a Gustavo entre la multitud y me le acerco para hacerme ver. De inmediato me confirmó que me entregaba la bicicleta en cuanto terminen de lavarla.

 

“¡Que lujo!” lavadita y todo.

 

Mientras esperaba presencie la incomparable alegría de las personas que se llevaban su bicicleta nueva. Creo que esa alegría no se repite con ningún otro bien material, ni siquiera con un automóvil 0 km. La bicicleta posee un encanto particular tanto para chicos como para grandes. No sabría explicarlo con mayor detalle…, solo pude evidenciar un brillo especial en cada rostro que cargaba con su nuevo rodado.

 

Mientras esperaba de pie, una bonita niña pecosa me miraba, tendría unos diez años. Tal vez miraba el tatuaje de mi pierna izquierda o mi aspecto que es atípico del lugar. Estaba con su madre esperando algo. Pasado varios minutos de espera veo que un empleado de la tienda baja del taller de reparaciones con una bicicleta de rodado pequeño, de color blanco ya gastado combinado con violeta. Era la bicicleta de la pecosa. Me llenó de ternura el corazón contemplar su rostro de felicidad al recibir su bicicleta reparada. La pobrecita bicicleta estaba medio torcida y sus colores no brillaban tanto pero la niña al recibirla la abrazó como quien abraza a un ser querido y le dio un besito en el manubrio.

 

¡Que escena más bonita! ¡Cuanta felicidad comprimida en ese pequeño gesto!

 

Pensaba hacer lo mismo que la pequeña cuando me entregaran la mía, pero por ese condicionamiento que con los años uno se va poniendo no lo hice, el sentimiento de alegría sonó mudo en mi corazón.

 

Cuando me subí a la bicicleta casi que no pude conducirla. Al estar sin  el equipamiento parecía otra. La dirección del manubrio me resultaba incontrolable y la velocidad que alcancé con apenas algunas pedaleadas fue digna de una competencia olímpica.

 

Arribé al hostel con la misma alegría de la pecosa. Los motociclistas uruguayos se encontraban ya acostados musicalizando el dormitorio con sus ronquidos.

 

Mi día de descanso y ciudad se acababa al son de cada nuevo ronquido de mis compañeros charrúas.

El espacio de los lectores

¡¡¡¡¡HOLA LEO!!!!BENDITA TECNOLOGIA QUE ME ALEGRA TANTO AL COMPARTIR CONTIGO TUS TRIUNFOS COTIDIANOS COMO ASI TAMBIEN TUS VICISITUDES....ME ENCANTAN TUS RELATOS Y CON LA IMAGINACION, ES COMO SI YO ESTUVIERA RECORRIENDO CONTIGO CADA LUGAR. UN GRAN CARIÑO Y TODA NUESTRA ADMIRACION. ¡¡¡¡¡FUERZA QUE CADA DIA ES UN LOGRO!!!

PERLA

Fuerza Leo!!! hoy me puse al día con todos tus relatos. Qué peripecias!!! desde Rosario, te mandamos saludos Mariano, Anahí (que se vino a tomar unos mates) y yo. No aflojes, que en la Patagonia te esperan más desafíos... muchos km sin un pueblo!!! mientras viajabamos en micro por esos pagos pensábamos, ¿¿¿cómo enfrentará leo estos tramos??? seguro que con ayuda de los consejos de algún otro experimentado. Fuerza!!!

Silvia

Leo: Como te daras cuenta no soy muy buena en el uso de la tecnologia y te escribi un mensaje el dia 23 de diciembre ( creo) Sabrás entenderme. Änimo , continua con la misma fuerza y ganas como el primer días. Delia.

Delia Avezza

Hola!!, que grande !! desde ya te digo que te admiro, quizas algún día me anime a una cosa así, conta con mi compañía a partir de este momento, aunque creo que ya vas por mitad de camino, me enteré medio tarde. un abrazo y fuerza!!!!!!!!,

Dalco

Hola chango, como va!! Por donde andan tu compañera de ruta y vos. Han pasado casi una semana de tu último relato en la ciudad de Mendoza. Arriba el ánimo, estés donde estés, que te hayan solucionado el tema de las pinchaduras de la bici y que la ruta 40 te siga deparando lindas historias de vida a tu paso. Abrazo y palmada en la espalda a la distancia y sin que nos conozcamos personalmente.

Horacio Cirigliano

Leo: Lo más conmovedor de los relatos son esas pequeñas "grandes" escenas (la de la nena cpon su bici) donde se captan los sentimientos de la gente y la capacidad de vos de identificarlos, para de esa manera, disfrutarlos y compartirlos con todos nosotros. Tu esfuerzo en conmovedor, pero la meta está más cerca y todas las anécdotas de la gente que se te cruzan van siendo innumerables. Cuando llegues a Ushuaia te van a seguir muchísimos, y tu vuelta al pago va a ser conmovedora. No te entregues a las dificultades, ellas mismas te fortalecerán cada vez más y tendrá más valor tu sueño. Suerte y mucha fuerza !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Hectior Nucifora

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