Un destino con forma de ruta

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“Familia Paz-Michno: GRACIAS!”

Domingo 7 de febrero

“Familia Paz-Michno: GRACIAS!”

El objetivo de alcanzar la ciudad más austral del mundo me obligó a partir. Muy a mi pesar, Sudestada debería seguir viajando embalada. Las grandes distancias y por sobre todo el viento imposible hicieron que mi camino abra su paso mediante un micro.

 

Los restos de cordero asado hicieron las veces de desayuno postergado o de almuerzo adelantado. Nuestro último plan familiar sería el de compartir la jornada en la “Fiesta del Carnero” que se celebraba en la Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia.

 

Llegamos al lugar y el “olor a campo” nos colmó.

 

Había muchísimos stands de insumos propios de la actividad ganadera y del campo, también cornudos y cabrones carneros campeones. Un stand que llamó mi atención fue el de un generador eléctrico eólico que para Comodoro Rivadavia viene perfecto.

 

Artesanos, escenario con música y feria complementaban la exposición.

 

Uno de los cantores sobresalía del resto, no tanto por su atuendo (ahí estaban todos de gaucho), más bien por su actitud. Lo escuché cantar un par de canciones y luego contó su historia al público. Es el Gaucho Talas, cantor y viajero que se propuso unir La Quiaca con las Islas Malvinas… a caballo!!!

“Talitas”, como lo llaman su compadres, dispuso cinco años de su vida para recorrer el país junto a su esposa y adentrarse en cada escenario que lo encuentre de paso como en cada escuela que lo invite para transmitir “lo nuestro”.

 

“A este personaje lo tengo que conocer” le dije a Jorge quien cargaba a Enzo sobre sus hombros.

 

Esperé que concluya su número artístico y lo seguí hasta el estacionamiento. Mientras buscaba algunas cosas dentro del baúl del auto que le sirve de apoyo en su travesía, me acerque y lo saludé: “Hola Talas, yo también soy viajero” fueron mis palabras a modo de presentación.

 

“Hola m´ijo, como dice que le va a Ud.? Y dígame,… ¿de donde es que anda viniendo? fueron las palabras que lograron escurrirse a través de la frondosa barba del campero cantor.

 

Comenzamos a charlar un rato, le conté de mi viaje y el del suyo. Quedé maravillado con su épica proeza. Talas me obsequió uno de los números de la revista que edita mientras viaja, como un cholulo admirador le solicité que me la dedique y la firme. Desde su página web es posible seguirle los pasos a este hombre que decidió ponerse la patria al hombro:  www.elgauchotalas.com.ar

 

“Familia Paz-Michno: GRACIAS!”

Recorrida toda la expo, nos dispusimos a volver a la casa para dejar a los críos con su tía y de paso agarrar un abrigo porque nos iríamos al Chenque donde se encuentra el parque eólico. Mi último día en Comodoro no me daba tregua alguna, nos la pasamos yendo de aquí para allá.

 

Jorge me cuenta parte de sus proyectos personales y familiares mientras subimos con la camioneta hasta el mirador. Él sería un gran guía de turismo ya que no deja detalle sin contarme respecto a todo lo que vemos. Además, como conoce mucho del petróleo, me brinda una muy interesante información y me cuenta algunos detalles que nunca hubiese sabido de otra forma.

 

Llegamos al parque eólico que brinda parte de la energía eléctrica de la ciudad. Son 26 súper ventiladores gigantes de tres aspas cada uno, que cuando te pones debajo de ellos se te erizan hasta los pelos de la espalda. SSSCHU,…. SSSCHU,…. SSSCHU …. es el imponente sonido que hacen las aspas al cortar el viento. Las “cigüeñas” de succión de petróleo también se encontraban dentro del parque. Pensé en como la naturaleza se brinda dándonos energía y como los hombres hemos sabido capitalizar estas bondades.

 

Cerca de las seis de la tarde el viento se tornó insoportable, así que volvimos a la casa para matear con facturas.

 

Todos me llenaron con su cariño, sabíamos que esta misma noche nos despediríamos sin saber cuando nos volveremos a ver. Al recorrer cada rostro de la familia Paz-Michno veo a la pequeña Victoria que me mira entre sollozos y balbucea algo: “No quiedo quete vaiaz” me dijo. Al instante la abracé emocionadísimo.

 

“Familia Paz-Michno: GRACIAS!”

El micro que me llevaría hasta Río Gallegos llegaría a Comodoro a las 21:30 hs pero como siempre se atrasa un poco, extendimos la cena hasta las 22:00 hs. Despedido de los pequeños y de Miriam, fuimos a la terminal Jorge, Aldana (la mayor de las hijas), su hermano Damián y el Ale. Cargamos a Sudestada en la caja de la camioneta y rumbeamos para la estación de colectivos.

 

El micro venía atrasadísimo, nos advirtieron que llegaría cerca de las doce de la noche y así fue no más. Supimos aprovechar el tiempo para charlar todos juntos un rato más.

 

Como era de esperar algún tipo de conflicto respecto a subirme la bicicleta al colectivo, yo había consultado en la ventanilla y me dijeron que no había ningún problema en cargarla. Perfecto, el que avisa no traiciona.

 

Llegó el micro a medianoche y apenas se baja el chofer me mira, mira la bici embalada y me ladra en la cara: “Eso no te lo subo”. Sereno y calmo le conté de mi viaje, de donde venía y mi objetivo de llegar a Ushuaia, también que no había tenido ningún problema las veces anteriores y para reforzar le informé que en la ventanilla me dijeron que no había inconveniente en cargar la bicicleta.

 

Todo muy lindo pero eso no te lo subo, es mi colectivo y se hace lo que yo digo” sentenció el nefasto personaje. No alcanzaba a entender su trato, no sabía por que se refería a mí de esa manera. Le solicité cortésmente que me acompañara hasta la oficina de atención de la empresa para solucionar el asunto. Nos dirigimos hasta allá para consultarle al jovencito empleado de turno. Dubitativo y acosado por el chofer, el joven empleado de la oficina bajó su mirada diciendo que la última palabra la tenía el chofer. La situación se tornó tensa, justo en ese momento Jorge, que es un tipo tranquilo pero robusto, perdió la paciencia. Se venía aguantando el maltrato de este fulano hasta que explotó. Lo agarró del pescuezo y dándolo media vuelta camino al colectivo le exigió que me subiera la bicicleta. “Soltadme, soltadme, … guardia, guardia…” comenzó a chillar como señorita el previamente prepoteador.  

 

“Jorge calmate” le solicité viendo que la cosa se ponía cada vez más áspera.

 

Huyendo por una de las puertas secundarias de la estación, el chofer le indicó a su compañero que lleve el colectivo hasta donde se despachan las encomiendas, a unos ciento cincuenta metros de la estación. El compañero del devaluado guapito, me dijo que irían a cargar unas cosas y que luego vendrían a buscarme, … mmm….

 

Pasados unos minutos se acerca hasta nosotros el maletero que había ido con el micro hasta el despacho de encomiendas para ayudar a cargar el colectivo y me dice: “Flaco, corré porque estos tipos no vuelven, se te van a rajar”

 

Alzando bicicleta y los equipos, recorrimos en tiempo olímpico el trayecto que nos separaba del despacho de las encomiendas. Allí pude hablar con otro empleado de la empresa quien me indicó que debería pagar exceso de equipaje. “Pero si hombre, ningún problema” le dije recuperando el aliento.

 

Ya cargada la bicicleta en las bodegas del colectivo, abracé agradecido a cada uno de los miembros de mi comitiva de despedida, sin ellos no hubiese podido resolver la situación.

 

A ellos, mi familia adoptiva comodorense: GRACIAS POR TODO, GRACIAS POR TANTO!

El espacio de los lectores

Grande Jorge!! Mis felicitaciones. No hay derecho que te traten de esa manera. En el país estamos cansados de los atropellos y alguien tenía que hacer algo. Saludos Ricardo

Ricardo

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