Un destino con forma de ruta

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“Llegada a la provincia de San Juan entre badenes, senedab y otra vez….”

Jueves 7 de enero de 2010

“Llegada a la provincia de San Juan entre badenes, senedab y otra vez….”

El día se presentó nublado y fresco: espectacular para andar.

 

Me despedí de Doña Gringa, ”Chau, chau, chau….Suerte, surte, suerte…” me revoleó desde la cocina sin dejar sus quehaceres domésticos de las siete de la mañana.

 

El camino estaba bueno y comenzaba a llevar buen ritmo hasta que en mi primera detención de recuperación una injusta espina pinchó mi rueda trasera. Mientras terminaba de atinarle al aire con un oportuno insulto, articule las herramientas y la cámara de repuesto para sustituir el neumático ahora inútil. No demoré más que diez minutos para estar de nuevo en la pista. Es primordial contar con un buen equipo de herramientas y accesorios sustitutos. Esto permite transitar mucho más tranquilo sabiendo que ante algún eventual, uno puede seguir adelante sin mayores complicaciones ni demora.

 

Una hora después llego hasta un departamento llamado Guandacol. Parece ser que en Guandacol son muy ostentosos, tanto que utilizaron como cartel de bienvenida al pueblo una gran máquina vial de orugas. Seguí de largo sin mayor interés por el lugar imaginando que sus veredas serían alfombradas y que de semáforo utilizaban luces de boliche.

 

“Llegada a la provincia de San Juan entre badenes, senedab y otra vez….”

Unos kilómetros después de la salida de Guandacol, me encontré con dos bonitos carteles, uno de frente y el otro de espalda; cada cual indicaba el comienzo de la provincia correspondiente. Había llegado a la frontera provincial entre La Rioja y San Juan sobre la Ruta 40.

 

La nueva provincia me recibió con badenes. Muchos badenes, muchísimos badenes.

“¡Oh, que bueno!” me dije entusiasmándome a la espera de un circuito que se presentaba dinámico y entretenido.

 

“Comienzo zona de badenes”

“Continúa zona de badenes”

“Más adelante: Badenes”

“Fin zona de Badenes área A1, comienzo área A2”

“Después del Badén MAS BADENES”

 

Y otros tantos letreros que comencé a ignorar, me pronosticaban lluvia de badenes.

 

Pude cruzar badenes erosionados, badenes metamórficos, badenes sedimentarios, badenes rojizos, badenes pedregosos, badenes tímidos, badenes con conflictos existenciales y hasta badenes imaginarios.

 

Asfalto, línea blanca, línea amarilla, rocas, espinas y badenes fue el monótono menú del día.

 

Decenas de kilómetros de badenes. Horas, HORAS de un recorrido donde un badén terminaba al comienzo del siguiente.

 

Ya me tenían PODRIDO los badenes. Tal es así que por momentos sentía como que daba vueltas en círculo a la vez que pensaba “este badén ya lo crucé”. Las cumbres que observaba sobre mi derecha fueron la única brújula que me permitió mantener la coherencia. Ellas me indicaban que detrás suyo se encuentra el país de Chile.

 

Llegó un punto tal en el que me harté y como para hacer algo distinto me bajé de la bici y empecé a caminar con ella al lado, no por cansancio ni fatiga, estaba aburrido, aburridísimo.

 

Después de los veinte minutos de caminata, me subí a la bicicleta con la intención de mitigar mi embole mandando mensajes de texto a mis seres queridos. Circulaba y mandaba mensajes al mismo tiempo (no intente hacerlo en su casa señora).

 

Esto anestesió los últimos kilómetros de los 124 recorridos hasta Huaco.

 

“Llegada a la provincia de San Juan entre badenes, senedab y otra vez….”

Huaco es un pueblo humildemente austero. Encuentro hospedaje en lo de “Doña Irma”, una señora del lugar que abrió su casa a los viajeros de paso.

 

El hospedaje de Doña Irma tiene olor a campo literalmente (entiéndase al comentario para nada pintoresco), y además todo está hecho “así no más”.

 

Luego de que al mejor estilo contorsionista me diera un baño bajo el pico de la ducha (ya que la lluvia no funcionaba) y durmiese una siesta, reparé la cámara pinchada, lubriqué la cadena y ajusté algunos tornillos flojos de mi fiel compañera Sudestada.

 

Mientras escribía estas líneas se acercó un muchacho oriundo de Capital Federal que se hospeda en una de las habitaciones de adelante. Hablamos largo rato. Luego él se fue con sus otros dos amigos a guitarrear y matear.

 

El cierre del día me encontró esquivando los sapos que se cuelan a los adentros de lo de Doña Irma.

El espacio de los lectores

Hola loco como estas trabajo con tu suegro Edgar ni vien nos conto quedamos asombrados por tu travesia fuerza loco y te estamo siguiendo saludos

ESTEBAN CELIZ

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