Un destino con forma de ruta

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“Mes nuevo, ruta Nueva”

Lunes 1º de Febrero

“Mes nuevo, ruta Nueva”

El frío viento mañanero sacudió la carpa muy temprano. Hubiese querido seguir durmiendo pero, además de las sacudidas, mi colchón de aire programable estaba adelantando un poco y se desinfló antes de tiempo.

 

Dí un par de vueltas sobre mi propio eje longitudinal como intentando darle forma a mi fiaca, una vez hacia un lado, luego hacia el otro, varias veces.

 

No había caso, indefectiblemente era hora de levantarse por más que aún no hayan sonado las siete de la mañana.

 

Es muy reconfortante sentir el paso del tiempo y de los kilómetros de ruta en el alma y en el cuerpo. Mi cuerpo afinó aquellas redondeces que tenía al comienzo de la  travesía, mi alma se ensanchó casi 3000 kilómetros. Me bastó con solo mirar el mapa de Argentina y viajar con el dedo sobre las rutas para tomar conciencia de que mi sueño ha superado ampliamente más de la mitad de su recorrido y es hoy una realidad.

 

Comienza un nuevo mes, buen momento para hacer un balance:

 

Han pasado ya cuarenta y dos días desde que dejé Rosario. He tomado varias rutas además de La 40. He pisado finos asfaltos y gruesos ripios. Reventé incontables veces las ruedas de Sudestada. Me azotaron crudos vientos en contra. Sumé 2850 kms pedaleados en el llano y cuesta arriba; otros tantos más recorridos pegadito a la cordillera ya amiga. Conocí grandes personas mediante pequeños gestos, personas de las BUENAS, de VERDAD. Rebalsé mis ojos de paisaje y mi corazón se abrió tanto que hasta casi se me sale. Hoy siento que todo renueva su valor, soy quien quiero ser, estoy donde quiero estar.

 

“Mes nuevo, ruta Nueva”

Al finalizar mis reflexiones matinales, manoteé el mate y fui para el quincho. Mirando mis mapas digitales y de papel, me puse a evaluar el estado de las rutas y las distancias entre parajes y localidades que debería encarar en breve. Acá en la Patagonia las ciudades son mucho más distantes unas de otras y en el camino… nada hay. A la Ruta 40 le quedaban unos pocos kilómetros de asfalto en dirección sur. La tentación de llegar a “El Calafate” y al “Parque Nacional Los Glaciares” donde es posible contemplar al famosísimo “Glaciar Perito Moreno” se disipó al descubrir las malas condiciones del terreno y la cantidad de días que debería pasar en el medio de la nada sin posibilidad de abastecerme y estar expuesto a cualquier imaginable situación.

 

¿Qué hago? ¿Por donde voy?

 

De inmediato sonó en mi memoria la Ruta Nacional Nº3, sobre el Atlántico. ¡Que bueno! El estado de esta ruta es impecable y conduce hasta Río Gallegos (Santa Cruz), seguiría pedaleando desde ahí solo que cambiaría las montañas por el mar.

 

Observé en el mapa que trazando una línea horizontal desde Esquel hacia el mar me encontraría justo en Puerto Madryn, lugar que también resonaba en mi memoria.

 

No se habla más, estoy decidido: me voy para la Ruta 3. Mes nuevo, ruta nueva.

 

Debido a que el trayecto desde Esquel hasta Puerto Madryn es muy largo y desolado, decidí tomar un micro, avanzaría solo en dirección horizontal, verticalmente no adelantaría ni un centímetro.

 

Fui caminando hasta la terminal de colectivos y conseguí pasaje para las 21:30 hs. Me dijeron que no habría problema en subir la bicicleta junto al equipaje, lo único que me advirtieron fue respecto a su embalaje. Perfecto, el destino jugaba a mi favor. Volví al “Hogar del Mochilero”, era temprano, tenía mi destino resuelto y el resto del día por delante.

 

Necesitaba encontrar algunos cartones para poder embalar la bici y no tener inconvenientes a la hora de subirla en el micro. A pocas cuadras del camping hay un supermercado bien grande donde no hizo falta pedirle cajas a nadie: dos grandes cajas de cartón, que alguna vez contuvieron bananas, me estaban esperando.

 

Resulta muy curioso observar que en el sur no hay cartoneros. He visto desde Bariloche como la gente se deshace de este material prendiéndole fuego para reducirlo en cenizas, como si fuese una molestia o una plaga. Creo que algún día la recolección de cartones por estas latitudes será un prominente negocio, quien sabe…

 

Mientras desarmaba mi campamento para convertirlo en bultos transportables, recibí el llamado de mi  amigo Jorge Paz, de Comodoro Rivadavia, quien me había invitado a su casa si llegaba a andar por la costa este del país. Se puso muy contento cuando le conté que en unos días llegaría a su hogar. Antes de colgar el teléfono, ya estaba organizando todo para recibirme. El cambio de ruta no afecta los mimos que el destino tiene reservados para mí.

 

Una vez terminado el empaque, me mudé al quincho para sociabilizar un poco con otros campistas, escuchar sus historias de viaje, de vida y compartir las mías.

 

Entre mate y mate nos fue posible compartir anécdotas personales y referencias de lugares con una pareja de Capital Federal, un artesano de Mar del Plata y algunos extranjeros que se esforzaban por entender nuestra lengua. Cada uno escribía su propia historia en el libro de la Vida con la pluma del corazón. Todo el que viaja siente un especial llamado, una invitación que si bien es íntima y personal, es semejante en todos los que tenemos las antenas del alma siempre atentas. Esto nos hermana, nos conecta, nos encuentra.

 

“Somos todos iguales porque somos todos distintos.”

 

“Mes nuevo, ruta Nueva”

Me levanté para preparar un café instantáneo y ponerme a escribir un rato en mi netbook cuando veo llegar un par de ciclistas abarrotados de equipaje. Uno de ellos, el que tenía más cara de argentino, deja sus cosas y se arrima al quincho con el casco puesto y un “olor a ciclista” que parecía una armadura de 5 cm de espesor.

 

“Hola, de donde venís?” le pregunte sonriente.

 

“Uh, … vengo de muchos lados” respondió con aires de intriga. “Tenés Internet ahí? Metete, metete en mi página vas a ver de donde vengo YO” me ordenó seguidamente.

 

“Ok, ningún problema, ¿como te llamás?”

 

“Luis, YO me llamo Luis. YO estoy recorriendo los Parques Nacionales. YO hace once meses que estoy viajando. YO ando solo. YO tengo auspiciantes. YO no me canso y el viento me teme. YO visito colegios. YO apoyo la energía renovable. YO escribo en una web que la diseñé YO, ese de la foto soy YO.”

 

Apoyando mi brazo sobre la mesa, reposé mi mentón sobre la mano y dejé que Luis siga jugando un rato más al YO-YO…

 

“YO armé los accesorios de mi bicicleta. YO conozco a muchos extranjeros. YO esperé una cubierta de repuesto durante cinco años. Yo tengo una carpa mejor que la tuya. YO…..esto, YO… lo otro…

 

Me bastaron diez minutos para perderle interés a este personaje “yoista”. Creo que tanto tiempo en soledad afectó su carácter relacional. Me fue casi imposible acotar algún comentario y en el momento que metía de prepo un bocado de alguna de mis anécdotas, él ya la había experimentado siete veces muchos años atrás.

 

En fin, … la bicicleta no hace al hombre.

 

Todavía tenía algo de tiempo como para salir a pasear por Esquel y tomar algunas fotografías. La ciudad es muy bonita, se encuentra como en un pozo rodeada de montañas. Sucede que con el tiempo se ha expandido hacia los costados, así que las casas prácticamente “cuelgan” de las montañas. Es divertido verlas haciendo equilibrio.

 

Con la intención de llegar a horario a la terminal de micros, le solicité a Marta que llamara por un taxi de baúl generoso. A los pocos minutos se arrimó el utilitario que cargó con Sudestada, con los bártulos y conmigo.

 

Despedí a Marta y a Carlos muy agradecido por su hospitalidad deseando poder volver a visitarlos en algún otro momento.

 

Era de noche cuando el micro arrancó rumbo al Atlántico. Hoy realizaría algo nunca antes visto en la travesía: dormiría y viajaría al mismo tiempo.

El espacio de los lectores

hola LEO precioso los relatos como siempre , imagino q te aguantaste para no matar a yo yo ja ja ja . estamos ansiosos de tus relatos , vamos a escribir ! PERDON pero tenes muchos seguidores de tu BICI-TRAVESIA un beso

marta

HOLA VIEJO, QUE BUENO VAS A PASAR POR COMODORO RIVADAVIA, MI CIUDAD NATAL. JAJAJA, LEIA LO DEL YO-YO, EN MI GRUPO DE AMIGOS, TENEMOS UNO PARECIDO, PERO YA SABEMOS COMO NEUTRALIZARO, JEJE, Y DALE QUE YA LLEGAS AL FIN DEL MUNDOOOOOO!!!!!

ESTEBNA

Leo: Buena desición, a veces hay que cambiar de estrategia para alcanzar la meta. Lo importante que siempre das lo mejor de vos, no te guardas nada y finalmente seguis los designios de tu corazón que te llevarán a donde vos te lo propongas. Suerte.

Hector Nucifora

Hola amigo!!!!!!! pasame la pag. de luis que tus relatos no llegan! jajaja un chiste leito, volve que se te extraña!!!!!!!

MARIELA

Que alegría saber que sigue tu viaje. Al ponerme al día con la lectura y leer sobre tus sentimientos, hasta te díría que es lógico, que, entre el cansancio, la soledad y el adiós de los ítalos amigotes te provocara un bajón provisorio, por suerte más provisorio que bajón. Esperamos aniosos los relatos de la ruta 3, tené mucho cuidado con los camiones, son muchos y van muy rápido. Ahora te vas a llenar el alma de un mar azul hermoso y de una fauna totalmente distinta y bella a la vez. YO te saludo a la distancia. YO estoy contento de tener noticias tuyas. YO te sigo acompañando virtualmente. YOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYO.......

Horacio Cirigliano

Leo creo que a este tipo, la falta de "balero" lo obligó a practicar muchísimo "yo-yo". De tu narraciòn, se veía venir que te tenía hastiado. (no hace falta que respondas a este comentario) Un abrazo. Norberto

NORBERTO

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