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“Noche Buena y Navidad en Humahuaca”
Jueves 24/12/09
Amanecí a las 6:00 hs he hice todo rápido con la intención de poder engañar a mi memoria y “formatear” el recuerdo de mi estadía en ese hospedaje. Exagero un poco…
La mañana soleada estaba fresca. Guantes de ciclismo, calzas largas, lycra de mangas largas más una camiseta de ciclista arriba son abrigo y protección suficiente. Esta vez sumé protector solar para aquellas partes de mi cuerpo que quedaron expuestas el día anterior, hoy coloradas por la quemadura.
Di comienzo a la jornada despidiendo a una parejita de graduados trasnochados que a los besos celebraban el Amor. Me sentía muy bien, mucho más relajado que la jornada anterior, me estaba conociendo con la ruta y haciendo amigo del esfuerzo. Sé que estas nuevas relaciones irán dando sus frutos a medida en que sigamos compartiendo este sueño.
De momentos como que soy asfalto, me hago ruta y tras cada kilómetro que sumo soy un poquito más argentino.
El objetivo del día fue realizar los 85 km que separan Abrapampa de Humahuaca para pasar la Noche Buena y Navidad allí.
El color del paisaje comenzó a cambiar, de los tonos amarillentos y rojizos al verdoso “amarronado”. El recorrido fue maravilloso, más aún cuando luego de la localidad de “Tres Cruces” comenzaron las señoras BAJADAS. En el puesto de control de Gendarmería del lugar me comentaron que aproveche estas bondades geográficas y le “pegué derecho” ya que era muy raro que no se haya levantado viento. Otra vez me sentí profunda e invisiblemente respaldado.
En algunos tramos alcancé los 68 km/h de velocidad que para una bicicleta (cargada) es un montón.
En un momento del trayecto observé sobre la margen izquierda de la ruta un olvidado cementerio. Al cruzar mi vista, justo (pero justo) en frente sobre la otra margen del camino, un cartel que decía simplemente: “3780 metros sobre el nivel del mar”.
Que oportuno ha sido emplazar el cementerio preciamente ahí,… tan cerquita del cielo.
Cerca de las 13:30 hs llegué a Humahuaca donde tras hospedarme y dormir una siestita, recorrí el lugar tomando algunas fotos. Habiendo paseado un rato, me acerqué hasta la catedral para averiguar el horario de la Misa de Navidad. Me senté a escribir estas líneas esperando que se hagan las 22:00 hs para ir al patio del Monumento al Éxodo Jujeño donde se realizara la ceremonia.
La Misa convocó al pueblo entero y a muchos de los que estábamos de paso.
En la ceremonia no faltó el bautismo de varios pequeñitos que en Noche Buena fueron recibidos como nuevos miembros de la Iglesia.
La gente del lugar resulta ser muy devota y religiosa. Todos estaban vestidos de gala y en cada morena mano reposaba una muy cuidada imagen del Niñito Jesús, pieza de sus pesebres hogareños esperando ser bendecidos.
Al final de la misa dejé a los pies de la Virgen de la Candelaria la velita que me diera Marta antes de salir. Su luz iluminó mis plegarias.
Una vez terminada la misa, ya cerca de la medianoche, los mensajitos de texto comenzaron a rebalsar mi teléfono celular. Todos fueron saludos de buenos deseos y felicidad.
Apresurado, busqué una mesa navideña para compartir la cena y el brindis. Casi todos los puestos de comidas estaban cerrados y los que no, se encontraban concentrados en sus privados festejos. Precisamente a las doce ingrese a un comedor donde su dueño me ignoró por completo. Un poco decepcionado me fui en busca de otro lugar. En ese mismo momento pude aproximarme al sentimiento que la Sagrada Familia vivió aquella noche en Belén.
Mi pesebre fue un bodegón frente a las vías del ferrocarril; los pastores, una familia que allí celebraba la Noche Buena. Apenas llegué me convidaron con una copita de sidra para brindar con cada uno de ellos, después lo hice desde el alma con cada uno de mis seres queridos.
¡FELIZ NAVIDAD!
El espacio de los lectores
Tu relato, Leo, hizo revivir en mí, mi primera llegada a Humahuaca en junio de 1991. Por razones de trabajo estaba en San Salvador. Por colectivo de línea me llegué hasta allá paa llegar a tiempo a compartir una misa dominguera en horas del mediodía. Ya lo relaté en alguna oportunidad, pero tal vez la altura, el aire frío del invierno, la lejanía de mi casa me hizo llamar desde una cabina pública a mi esposa, para decirle cuánto la extrañaba a la distancia. Recorrí solitariamente las callecitas del lugar (siempre rodeado de los chicos que te piden de todo) hasta emprender el regreso previa una escala en Tilcara. Mi recuerdo de aquel tiempo sin embargo, es muy bueno hacia los lugareños. Tal vez, como en todos lados, diste con alguno que tenía algún cable cruzado. Estoy siguiendo tu relato y por supuesto me apasiona. Conozco hasta La Quiaca y tus palabras me hacen recordar todo lo vivido. Son miembro de Acampante y me solés ubicar con más asiduidad en su foro. Paternalmente. Norberto
Norberto
FELIZ NAVIDAD LEO
martin pineda
Estimado Leo, gracias por compartir tu viaje y experiencia de vida. En cuanto al comentario de los cementerios, habrás notado en todo tu viaje por el NOA, sobre todo en Jujuy, que todos los cementerios se encuentran en la parte más alta del pueblo, esto está hecho con una doble intención. Una es que las almas llegan más rápido al cielo y la otra es estar más cerca de Dios. De casualidad encontré tu viaje y lo estoy siguiendo tramo a tramo. Lástima no haber sabido antes de vos, vivo en Salta, me dedico al turismo y te podría haber ayudado con gusto. El mayor de los éxitos con tu sueño.
Horacio Cirigliano
HOLA LEO ESTOY SIGUIENDO TU VIAJE, ME PARECE BARBARO ESPERO QUE ESTES BIEN Y YA TE VOY A ALCANZAR POR LO MENOS EN LA LECTURA. SALUDOS Y BUEN VIAJE.
GERMAN
HOLA LEO ESTOY SIGUIENDO TU VIAJE, ME PARECE BARBARO ESPERO QUE ESTES BIEN Y YA TE VOY A ALCANZAR POR LO MENOS EN LA LECTURA. SALUDOS Y BUEN VIAJE.
GERMAN
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