Un destino con forma de ruta

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“Tres tristes pinchaduras.”

Viernes 8 de enero de 2010

“Tres tristes pinchaduras.”

Madrugue como es habitual. A las 7:30 hs ya estaba montado en la bicicleta listo para desandar los 6 km desde Huaco hasta el cruce de la Ruta nacional 40 y la ruta provincial 491 que llevaría a “San José de Jachal”, a 33 km desde ahí.

 

El recorrido del día estaba planteado con pocos kilómetros ya que al día siguiente se vendría la salsa.

 

A pocos metros de iniciado el camino por la ruta 491, se antepone al camino un magnífico escenario: La Cuesta de Huaco.

 

Elaboré dos hipótesis respecto a la denominación que bautiza al recorrido: …….. mejor lo dejo ahí.

 

El camino estaba completamente asfaltado y en perfectas condiciones. Subidas empinadísimas, bajadas extremas y un variado paisaje pitado de muchos colores deleitaron mi mañana. Estaba pasando un gran momento. Al llegar a la cima me encontré con un mirador increíble. Recomiendo la Cuesta de Huaco para pasear y disfrutar de la conducción.

 

Agradezco al Sr. Roberto Pombo, titular del camping Los Cauquenes (ruta 491 y río Jachal” enclavado en plena cuesta de Huaco por la cortés invitación para disfrutar de las bondades y servicios de su establecimiento. Debido a que mi hoja de ruta tenía otras coordenadas, tuve que seguir de largo.

 

En determinado punto, ya de bajada, aparece hambriento un túnel hoyado en la piedra. Había leído en la “Guía de la Ruta 40” que me prestó mi amigo Pali, que ése era uno de los dos únicos túneles por los que atravesaba la Ruta 40.  Vi la luz al final del túnel y hacia ella me dirigí. Mide apenas 20 mts de longitud, pero fue una linda sensación.

 

“Tres tristes pinchaduras.”

Siguiendo cuesta abajo comienzo a ver el entorno de lo que ya es el departamento de Jachal. Un dique con represa y río enclavados entre montañas componían una imagen digna de varias fotografías. Me detuve y al finalizar los clicks, descubro que mi rueda trasera estaba pinchada. Más sereno q la vez anterior me dispongo a recambiar la cámara. Cuando termino con los quehaceres, intento colocar la rueda y… estaba pinchada de nuevo. “¿¡Como caraj……. puede ser!?” Menos sereno pregunté a las piedras sin esperar respuesta alguna.

 

Ejercicios de relajación, Feng Shui y meditación controlaron mis ganas de tirar la rueda al dique.

Realicé nuevamente el recambio con la inquietud de que ya no tenía cámara de repuesto  en condiciones; en el in fortuito caso de volver a pinchar debería emparchar al costado del camino.

 

Me encontraba incómodo, inquieto y ansioso. Así recorrí los pocos kilómetros hasta llegar a la más grande estación de Servicios en Jachal donde me dispuse a emparchar las pinchaduras.

 

¿Porque se llamará “PinchaDURA” si cuando sucede este fenómeno, la rueda se pone blanda? Propongo la moción universal de denominar a la circunstancia como “PinchaBLANDA” Regístrese, comuníquese y archívese.

 

El minimercado funcionó como mi base de operaciones durante varias horas. Allí comí, tomé café, helado, me conecté a Internet y reprogramé mi destino ya que al comentarlo con empleados del lugar, me indicaron que no había absolutamente nada en los puntos de referencia encontrados en el mapa donde yo pensaba dirigirme.

 

Luego de evaluar posibilidades decidí quedarme en Jachal sabiendo que el día siguiente me pasaría factura de la decisión que hoy holgaba mi esfuerzo y descanso.

 

Debajo de un montón de barro entró un extranjero que dejó su motocicleta BMW estacionada en la puerta del minimercado. También desfilaron varias familiar que miraban mi aspecto como yo contemplaba el del extranjero. El mayor de los miembros de una de estas familias me saluda y abre el diálogo informándome que LA RUEDA TRASERA DE MI BICICLETA SE ENCONTRABA PINCHADA.

 

Resignado le agradecí la información.

 

Recambié el neumático y me dispuse a encontrar hospedaje ya que el camping del lugar se encontraba a varios kilómetros de allí y a su alrededor no había nada. Necesitaba descansar bien para salir lo antes posible la mañana del día siguiente; desarmar la carpa y cargas los equipos en la bicicleta me lleva un buen rato.

 

Encontré albergue en una “pensión estudiantil”. ¡Que mal concepto tiene de los estudiantes el propietario del lugar! Pareciese ser que “estudiantil” es sinónimo de “mala muerte”.

 

Y yo que pensé que en Huaco todo estaba hecho “así no mas” Mi nuevo hospedaje superaba notablemente la expresión antedicha.

 

 

 

El barral de las cortinas estaba sostenido por las ventanas, así que ni se te ocurra abrir las ventanas. En el baño existe una sola manivela para 4 canillas.

No hay toma corrientes, ni hablar de ventilador. Accionar las teclas de la indigente iluminación daba escalofríos, me despedía del mundo antes de encender o apagar la luz.

 

Las sabanas aparentan tener apenas 5 usos…sin haber sido lavadas.

 

Como no podía ser de otra manera, las llaves de la puerta entran al revés.

 

El baño no tiene espejo, en su lugar se encuentra un oxidado vidrio que al mirarlo devuelve la imagen de alguien que desconozco. Q va ser … es solo por una noche.

 

Hace 19 noches que vengo durmiendo en un gran zoológico de ambientes.

 

Con la conclusión de que algo estaba mal en la CUBIERTA TRASERA  de la bicicleta, encaro hacia una tienda del rubro para comprar una nueva, más parches y lubricante para la cadena de transmisión.

 

Terminé con mi oficio de mecánico reparador y salí a dar una vuelta por ahí.

 

“Tres tristes pinchaduras.”

La ciudad me gustó mucho, no se muy bien por que, tal vez porque se respiraba aires de viernes (aunque yo ya haya perdido noción del calendario)

 

Inevitablemente SIEMPRE a dos cuadras de donde me hospedo, en cualquier lado, se encuentra la plaza central.

 

Jachal es una ciudad monumental, dando un vistazo a su plaza me di cuenta de ello. Le han hecho monumento a todo:

 

A

San Martín

Güemes

Colón

Sarmiento

el jubilado

el Inmigrante

las madres

los artesanos

el gaucho

el mate

el bombo y a la guitarra

el Cabildo

la cacerola (en serio)

el agua ya que también había una fuente.

 

Y a muchas cosas más

 

Todos estos monumentos se encontraban amontonados en la plaza central entre gran variedad de árboles y plantas.

 

Me instalé en el monumento a no me acuerdo quien justo en el medio de la plaza y hacia de las mías con la compu mientras la gente que pasaba por ahí miraba como extrañada, mi aspecto y a la pequeña máquina portátil. Parece ser que no están acostumbrados a ver ninguno de los dos aparatos.

 

La noche me encontró chateando entre ravioles y tinto.

 

Cuando regreso a mi madriguera detecto que la rueda trasera estaba baja. Realicé el recambio con la agilidad de un experto y me fui a dormir con la esperanza de encontrarla inflada a la mañana siguiente.

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