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“Volver al Corazón”
Domingo 31 de enero de 2010
Pude sentir la fresca de la mañana ya desde mi bolsa de dormir. Las cosquillas que el frío me hacía en todo el cuerpo no me causaban ninguna gracia.
Hoy debería implementar la indumentaria larga, sin más demora comencé a vestirme y a desarmar mi equipo.
Sin tener muchas razones a mano, me encontraba tranquilo, sereno y sorprendido a la vez. Parece ser que los fantasmas del día anterior se diluyeron en su propia inmaterialidad y que la noche se había llevado consigo mis sombras.
El sol del nuevo día me abrió paso ante la niebla del desgano. Hoy comenzaba una nueva jornada de mi travesía y yo estaba feliz sencillamente por eso.
Entre gallo y media noche mi actitud cambió de rumbo, mi destino no, ¡jamás!
Dediqué todo el día a comprender lo que felizmente me pasaba.
Todavía era temprano, el caming dormía cuando emprendí mi retirada.
Los primeros kilómetros de ripio se encargaron de sacudir los restos de modorra que aún colgaban de mis ojos. Cada sacudida me reanimaba, me recordaba que estoy vivo y que adelante hay mucho más por vivir.
Alcancé el asfalto y comencé a desandar esos 8 kms hasta la ruta. Recordé lo mucho que disfruté del ingreso a Epuyen refunfuñando contra las ahora cuestas y pendientes.
El día se presentaba largo, debía estar sumamente concentrado para no flaquear, mi destino se encontraba a 132 kms, justo en Esquel.
Las dos primeras horas fueron bastante acaloradas, en cada pedaleada cuesta arriba purgaba un poquito mi penar.
Escuché decir alguna vez: “Lo que cuesta vale”. Estas cuestas me dieron valor, un valor que no sabe de monedas, un valor que me hizo rico en coraje, rico en tenacidad, para subir, para seguir, para SIEMPRE…
Como es necesario mantener el equilibrio del cosmos, luego de estas subidas se me presentó un camino digno de realizarlo a muy buen ritmo. El recorrido era largo y, aunque en algunos casos no tenía ganas, me detenía cada una hora de pedaleo para reciclar mi motivación.
A lo largo de los kilómetros y las horas entendí que la charla de anoche con Rocío purificó mis sentimientos y oxigenó mi entusiasmo depurando mis recuerdos.
Sin intenciones de pretenderme un sesudo letrado, la palabra “recuerdo” proviene del latín “RE CORDIS”:
RE: volver CORDIS: corazón
Un recuerdo sería entonces algo así como “volver al corazón”.
Hice carne el concepto; recordar es volver al corazón, no al pasado.
Mis amigos italianos y todo lo vivido hasta el momento estarán conmigo por siempre acompañándome, no hundiéndome. Los mejores recuerdos son los livianos, los que te dejan seguir, los que no te lastran al pasado.
Ojo que por ser livianos no dejan de ser esenciales, pienso, por ejemplo, en el aire que no es un recuerdo pero es liviano y vital.
Soy dueño del presente y del futuro, no esclavo del pasado.
Amigos: El Viaje continúa.
Mi propio sueño me hizo despertar: ¡Ushuaia, allá voy!!!
Los paisajes recobraron su color, mis ojos su brillo...
Si bien experimenté anteriormente vientos intensos, debo reconocer que yo nada sabía de esta invisible y enérgica fuerza hasta que llegué acá.
“¡Madre de Dios! ESTO SI QUE ES VIENTO” llegué a pensar antes de que se me vuele la idea.
Mi vista se deleitaba con el entorno mientras el resto de mi cuerpo hacía lo posible por no desprenderse del pavimento.
Recién estaba a mitad de camino cuando la cosa se puso áspera, muy áspera. Casi sin darme cuenta me encontraba en el medio de la Patagonia donde no hay nada ni nadie, con un manojo de hierros en forma de bicicleta y unos bultos cada vez más pesados.
Había descansado bien, me había alimentado y en teoría todo estaba en condiciones para poder seguir la aventura, lo que no estaba en condiciones era el clima. ¡Que viento carajo!
Ahora la cosa no era de entusiasmo ni motivación, era de pura física.
“Todo cuerpo que reciba una fuerza en su contra, igual o mayor al propio peso y fuerza del objeto castigado, será definitivamente detenido o revoleau por el aire,…ta´ que los parió” Leo Aragües
Sinceramente, no se como hice para continuar.
Entre los gritos ensordecedores del viento, se coló el ruido de un vehículo que venía desde atrás. Era una familia chilena que se puso a mi par y compadeciéndose de mi pesar, me ofrecieron algo fresco para beber. Cuando nos detuvimos para cruzar algunas palabras los dos niños se bajaron del auto y jugaban a desafiar la gravedad inclinando rectos sus cuerpos contra el viento. Lograban un equilibrio perfecto con un ángulo de inclinación de 45º.
Este breve encuentro me motivo por algunos kilómetros, los ángeles custodios no se olvidan de mí.
Luego de una pronunciada curva, las ráfagas de aire concentrado se ponen a mi favor y me empujan un ratito hasta la siguiente esquina, ahí… justo donde dobla el viento.
Ya estaba descontando los kilómetros restantes cuando recibí el llamado de Damián, “el Negro”, quien desde Rosario me contagió su bien humor. Justo al cortar la comunicación comenzaron unas interesantes bajadas, ya falta menos.
Los carteles de la ruta con el nombre “Esquel” comenzaron a leerse con mayor continuidad.
Cuando termino de observar un anuncio acerca del tren “La Trochita”, miro hacia el suelo y veo algo en movimiento sobre la línea blanca del camino, algo que no estaba siendo arrastrado por el viento sino que poseía movilidad propia: era un Piche vivo!!! El pobre bicho se desplazaba sin prisa hacia el medio de la ruta con intenciones cuasi suicidas. Decidido a prolongar su existencia, me interpuse ante su alocada carrera al “más allá” y a los gritos, moviendo los brazos lo espanté hacia el “más acá”. Creo que logré hacerlo recapacitar ya que, sin apuro, emprendió camino hacia esa parte del mundo que se encuentra de su lado de la ruta. Antes de perderse en la espesura de la nada se detuvo, dio media vuelta y me miró como diciendo “Gracias Leo”.
Faltaba cada vez menos y al viento se le dio por castigarme cada vez más. Me dije a mi mismo que llegaría por mis propio medios, aunque sea caminando… y… así fue. El viento hizo IMPOSIBLE mi continuidad en la bicicleta. No había más nada que se pudiera hacer montado a Sudestada.
Sereno, improvisaba silbando bajitas melodías que prontamente se escurrían en el aire. En un momento, sobre la margen derecha del camino, contemplo una caprichosa formación rocosa desde donde entra el viento como potenciado, es como un agujero en la montaña, algo muy curioso. Seguramente si ahí había algo la rabia del viento lo voló.
Era tan fuerte el viento que por momentos me imposibilitaba caminar con la bici al lado. Creo que fue el desgaste físico y el esfuerzo desmedido por intentar mantener mis ideas en su lugar los que me provocaron un penetrante dolor de cabeza.
“Ya falta menos” pensaba a cada nuevo pasito de montañés.
(Paso de Montañés: Ideal para no malgastar energías al subir montañas, cuestas o cuando el viento es en contra. Se trata de un sencillo ejercicio fácil de llevar a cabo pero difícil a la hora de internalizarlo y prolongarlo en el tiempo: “cada nuevo paso comienza donde termina el anterior”)
Me despedí de la Ruta 40 en su intersección con la Ruta Nacional 259 que es la que conduce a la ciudad de Esquel. Habían pasado ya casi ocho horas desde mi partida. El trayecto bien me cobró la distancia, mi agotamiento era casi total.
Con lo que me quedaba de fuerzas llegué a una estación de servicios situada en el ingreso a la ciudad. Un café con leche tamaño XXL y aproximadamente dieciséis medialunas le aportaron riquísima y calentita energía a mi castigado cuerpo.
Le pregunte a quien atendía el mini mercado si este viento era habitual, me respondió que no, que siempre hay mucho viento en Esquel pero nunca tanto como estos últimos cuatro días. Imagínate…
La continuidad del camino que me llevó hasta el centro fue de a pie, recién en una de las principales avenidas logré subirme a la bici nuevamente en busca del “Hogar del Mochilero”, un camping con albergue donde Marta y Carlos me habían invitado a instalarme ya que ellos también son miembros del Club el Acampante.
Al llegar al lugar me recibió el “Monumento al Mochilero” una escultura que supo crear Carlos en homenaje a quienes viajan con sus bártulos en la espalda. Una placa conmemorativa colocada en el año 2000 proponía al 15 de enero como “Día del Mochilero”, fecha por la que supo pregonar tanto Carlos como Marta, fervientes viajeros de esta modalidad.
El predio se encuentra muy bien cuidado, arbolado y sumamente prolijo. Los baños son espaciosos y el agua caliente sale de las duchas todo el día. Un quincho con cocina común es el lugar de quienes optan por mates y partidas de truco. También los fogones y el horno de barro son puntos de encuentro donde por la noche todos se acumulan para compartir el calor y los asados. El “Hogar del Mochilero” cuenta también con un nuevísimo hospedaje, esta opción es ideal para quienes andan sin carpa o para quienes prefieren una cama. Ubicado a tres cuadras de una de las calles principales es un lugar estratégico tanto para descansar como para programar las salidas a los alrededores de la ciudad.
Más info del lugar en: http://www.acampante.com/libro-de-visitas/2594/-el-hogar-del-mochilero
Después del reconfortante baño siguieron los reconfortantes mates.
Paseé por el centro y dí una vuelta por ahí abrigado como si fuese invierno.
Más tarde, las ganas de cenar me empujaron dentro de un pub irlandés donde unos verdes ravioles “al tinto” coronaron la jornada.
El resumen del día lo realicé en la carpa, lo último que escribí fue:
“Mañana que me levante la Federal”
El espacio de los lectores
Que grande viejo, dejaste atras esos fantasmas, ahora ya nada te detendra a tu sueño, grande loco, Ushuaia te espera !!!!! P/d: No se por que cuando leo tus relatos, me dan ganas de agarrar la bici.....
Esteban Brizuela
QUÉ LINDOS RELATOS, ME GUSTÓ ESO DEL MAS ALLÁ Y DEL MÁS ACÁ Y DE LA ESQUINA DONDE DOBLA EL VIENTO. NOS ALEGRA QUE HAYAS CUMPLIDO CON TU OBJETIVO Y QUE ESTÉS SEGURAMENTE ACURRUCADO EN AQUELLOS BRAZOS QUE QUIZÁ ANHELASTE TANTO. UN ABRAZO LEO, QUE DIOS TE BENDIGA, ALGÚN DÍA SEGUIRÉ (EN AUTO), TUS PASOS.
Dany, Silvy Milagros Rosita
Que bueno saber que tu marcha se va aproximando a destino! Me alegra el día el "acompañarte" en esas rutas que transité hace poquito y que tanto me gustan. Siga adelante compañero que tu viaje nos lleva a muchos hasta Tierra del Fuego!
Ale
Leo: que bien que reflejas en el relato todas las sensaciones que tenés, y la descripción de los detalles muestran un muy buen sentido del humor. Luego de la furia inicial le buscas la vuelta del optimismo y seguis en el camino en busca de tu meta. Lo mejor para vos, y no te entregues. Cuanto mayor es el esfuerzo, mayor será el disfrute cuando lo logres.
Hector Nucifora
Te quiero agradecer este posteo porque más allá de tu historia que me llena el alma y me trae recuerdos increibles, lo que escribiste sobre volver al corazón me hace en este momento reflexionar y me hace bien, muy bien, muy sencillamente diste a entender algo fundamental, gracias por compartirlo!
maria ines
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